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Con un recital del pitcheo, los Acereros empatan la serie ante Yucatán en el Kukulcán

Luego de la vorágine de emociones, de momentos de drama, euforia y sobresaltos de la noche previa, Acereros y Leones protagonizaron ayer uno de esos partidos que los aficionados de cepa disfrutan al máximo.

Un par de carreras y fue todo. Los Acereros salieron de una pequeña racha venciendo 2-0 a los melenudos para empatar la serie en el Kukulcán. Todo tan rápido, que se fue en apenas 2 horas con 34 minutos. Y eso que no pitcheo Negrín.

No habrían carreras para describir, cierto, tal vez ni para emocionarse. Pero ver a los lanzadores ayer sobre la loma mereció el boleto.

Monclova se fue con un ex de Grandes Ligas, Phil Coke, con un recital en seis rolllos. Cátedra del zurdo que debe conservar como un tesoro su anillo de Serie Mundial de 2009 con los Yanquis. Aniquiló a los melenudos en apenas dos hits en seis rollos, sin permitir que corredor alguno pise la segunda.

Los relevistas no desentonaron y casi fue inmaculado su papel en el cerro donde se estrellaron estrepitosamente el día previo.

Platicaba con uno de mis beisbolistas favoritos sobre las emociones de este deporte, que a veces permiten ganar un juego con batazos descomunales. Y el buen Gerardo me hablaba de lo fantástico sería ganar igual con lo que todo mundo ahora conoce como el “béisbol pequeño”, ese que consiste en aplicar los fundamentos. Y también, aprovechar descuidos que te permitan atacar, por mínimo que sea.

A los Leones, hemos visto, eso a veces no les ha funcionado. Como anoche, en que Monclova hizo un daño que parecía insignificante al mejor pítcher león de este año y el anterior, José Samayoa. Solo así pudieron con él. Y de verdad que dolió.

Llegaron Coke y Samayoa en un duelazo al cuarto rollo y allí el derecho melenudo tuvo uno de dos parpadeos en poco mÁs de siete actos. Dio una base y aceptó un hit abriendo entrada, pero parecía salir ileso con un rodado para dobleplay. Con este batazo, Jesse Castillo ancló en tercera y se fue a home con… sí: con un wildpitch.

Coke siguió en lo suyo dejando la loma a los relevistas desde la séptima. Samayoa se mantuvo hasta la octava. Seguramente lo dejaron porque, con esa labor, merecía más, al menos no perder.

Yucatán tuvo una única oportunidad real de anotar, en la octava, al poner corredor en segunda con uno fuera. En la guerra de estrategias (por zurdo contra zurdo, derecho contra derecho), Dan Firova salió mejor librado que el “Chapo” Vizcarra pues Arturo Barradas dominó al emergente Iván Araujo y Alan López fue aut en primera al levantar el inicialista Jesse Castillo un tito deficiente del torpedero. De esas acciones que salvan juegos y hacen grandes a los managers.

En la novena, Monclova tocó dos veces la pelota de forma magistral y eso valió para una carrera más, impulsada por Rafael Amador. ¡Qué forma de ganar!

Escuchaba en las escaleras a algunos aficionados hablar de la forma en que ganaron los Acereros. ¿Conclusión? Fue porque el béisbol les dio con orden y precisión, como la víspera, con alta dosis de adrenalina, hizo triunfar a los Leones en casi cuatro horas de juego.

Ningún partido es igual. No se concibe este deporte con noches parecidas.

Antes de las 11, las luces se habían apagado en nuestro gran parque de pelota. No había algarabía, pero sí sensaciones encontradas porque, pese a perder, fue en un gran partido de béisbol.

La serie finaliza hoy. Jonathan Castellanos abrirá por las fieras, ante Mauricio Lara. Seguramente será diferente.— Gaspar Silveira

 

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