Encierro falto de raza en la semana torista en Madrid
Una corrida de Miura, de presentación impropia de su leyenda y de la plaza de Madrid, abrió ayer con su violenta mansedumbre la que se conoce como semana torista de San Isidro y que ocupa tradicionalmente el último tramo del largo mes de abono de Las Ventas.
Falló la legendaria divisa sevillana, y no solo por su pésimo y negado juego, que también, sino ya de antemano por presentar una corrida de tan deslavazadas hechuras, impropias de su estirpe, y de tan escaso remate, incluso con algunos toros de aspecto anovillado a pesar de su volúmen.
Pepe Moral consiguió algunos de los escaso momentos lucidos del festejo, en concreto varios naturales de limpio trazo y un par de series ligadas con la derecha. Solo que, a veces molestado por el viento, otras quedándose algo corto en la apuesta, no logró dar cuerpo a una faena que además remató mal con los aceros.
También entrando a matar sufrió Rafaelillo una tremenda paliza del primero de la tarde, un “Miura” desrazado al que macheteó pronto, pero que, en el último embroque, le esperó con sentido para golpearle secamente en el pecho, zarandearle y, milagrosamente, romperle solo la banda de la taleguilla.
Por su parte, el joven Román, que cerraba su paso por la feria con este último esfuerzo, le puso a la complicada lidia de los Miuras un decidido empeño, sin mayores resultados con el creciente sentido del tercero pero realmente meritorio y loable ante la violencia reservona del sexto. Fue este último el de mayor trapío y más en tipo de la ganadería, el más Miura, o el único, de toda la corrida.
