Jonrón de Valle respalda la labor de Samayoa; los Leones viajan a Monterrey con ventaja: 2-0
Le tomamos dos frases a Roberto Vizcarra de anoche, luego de una victoria que vale oro puro a estas alturas del calendario. La primera: “No podemos echar las campanas al vuelo”.
Efectivamente, el béisbol es tan grande e impredecible que ni siquiera una victoria como la de ayer, 3-0, ante un rival que se vio atónito, puede garantizarte llegar a tierra prometida. Los Sultanes son los Sultanes.
La segunda: “La confianza que haya en el clubhouse la pasamos al dugout y de allí al terreno de juego”.
No están sobrados de confianza los melenudos ni están echando las campanas al vuelo. Pero algo tiene el vino que lo bendicen y algo poseen los Leones que, aquí y allá, están recibiendo elogios y respeto. Y deben de creerse todo eso que dicen de ellos.
José Samayoa lanzó un gran partido, con pelota de cinco hits en cinco y un tercio, y Óscar Félix sacó un tercer aut de oro en la sexta, cuando los regios intentaron desmoronar el castillo construido por el pitcheo león.
Lo demás, déjennos decirles, puede ser algo así como un recital.
Carlos Frías colgó dos argollas y Chad Gaudin, aunque aceptó dos hits en la novena, sacó los autes 26 y 27, desatando una emoción increíble en el Parque Kukulcán, prácticamente lleno con 13,389 aficionados.
Los grandes aficionados saben de qué se trata esto que vivieron los serpentineros locales: “¡Qué clase de pitcheo!”, me dijo un aficionado de esos que sufren cuando no salen las cosas. Se habrá puesto de pie don Hernán Evia al final del partido.
La confianza la jalaron los artilleros. Jugando en un parque complicado para batear largo, llevan cinco bambinazos en dos partidos. Ayer la sacó del campo Sebastián Valle, un monstruoso jonrón de dos anotaciones en la sexta entrada, que mató las ilusiones de Roberto Kelly.
El piloto fue y regresó de la loma cabizbajo a remover a Jorge Reyes. Y pues tenía su sentido estar así porque Reyes fue el campeón de efectividad en el rol regular.
Le dieron, sin embargo, desde la primera entrada, cuando Rubén Sosa abrió con sencillo, tras dos autes y un wildpitch, llegó a tercera y aterrizó en la goma impulsado por un clutch del ataque león: “Cacao” Valdez.
Con Samayoa en plan grande, eso hubiera bastado. Pero Valle dio más oxígeno con ese palo que cayó sobre el bulpén. Frase de mis beisbolistas favoritos: ¡Clase de palo, pa’!
“Solo buscaba un buen contacto”, dijo Valle. Y Samayoa quería una gran salida. Ambos lo lograron.
¿Qué piensan Kelly y los Sultanes? “Que en casa debemos mejorar. Eso trataremos. Tenemos confianza en regresar”.
Una carrera en 18 actos es nada para un equipo armado hasta los dientes.
El Kukulcán apagó sus luces. Quizá haya sido por última vez en este torneo. Quizá. El béisbol es tan increíble, que mejor, como dijo, Vizcarra, “no echemos las campanas al vuelo”.— Gaspar Silveira Malaver
