Pocos aficionados se quedaron en el Minute Maid Park luego de la humillante derrota de los Astros en el Juego 7 de la Serie Mundial

Gran gesta de los “Nats” al ganar su 1a. Serie Mundial

Y al final de un largo calendario de béisbol profesional, de aquí y de allá, lo que podemos decir es que, simplemente, fue el béisbol el gran ganador.

¿Quiénes se coronaron en la Serie Mundial?

¿No se suponía que los Nacionales de Washington estarían viendo el Clásico de Otoño en televisión? ¿Qué los Yanquis, los Dodgers o los Astros alzarían el trofeo?

El béisbol hizo grandes a los Nacionales, un puñado de jugadores hambrientos de gloria, o al menos de una carrera de final digno en el deporte. Washington logró la cuarta victoria, 6-2, batiendo a los Astros en Houston en una de las proezas más grandes de este deporte de casi 150 años de existencia.

Nunca un equipo había llegado al trono de las Ligas Mayores ganando cuatro partidos como visitante. Los Nacionales lo hicieron en uno de los escenarios más complicados de vencer. Los Astros vacacionarán con esta pesadilla de proporciones mayúsculas y dolorosas.

Anthony Rendón disparó jonrón para sacudir a Zach Greinke y, dos bateadores más tarde, Howie Kendrick la estrelló en el poste de férbol para un bombazo de dos carreras, lapidario para un equipo que pecó de confiado y soberbio, que acostumbró a sus aficionados a ganar y no los enseñó a perder. Porque igual perdiendo se gana muchas veces.

Los aficionados que hicieron del Minute Maid Park uno de los escenarios más ruidosos de la Gran Carpa vaciaron la casa de los Astros, sin importar que los Nacionales serían premiados tras una de las Serie Mundiales más memorables en muchos años. Washington izó su primer banderín del Clásico de Otoño desde 1924, cuando existían los Senadores, y los Nacionales alcanzaron la gloria como franquicia por primera vez desde 1968, cuando nacieron como Expos de Montreal.

Pero este año no era para ellos. No, porque nadie lo creía, tal vez ni ellos mismos. Dejaron ir a su anterior estrella, Bryce Harper, quien firmó un multimillonario contrato con Filadelfia, y les llovió con todo porque no hicieron un equipo competitivo. Pero remando contra corriente siempre, clasificaron al juego de comodines y lo ganaron con un error de Milwaukee. Luego eliminaron a los Dodgers en la serie divisional, en una épica batalla entre unos millonarios orgullosos y un equipo deseoso de escribir historia. Y barrieron luego a los Cardenales de San Luis.

Los Astros eran los favoritos, sin duda, tras batir a los Yanquis y tener la ventaja de localía abriendo y cerrando. Pero, con joyas de pitcheo como la de Stephen Strasburg y aportes ofensivos de Rendón, la sangre joven que inyecta Juan Soto y otros desahuciados como Kendrick, ganaron todos los partidos en calidad de visitante. Ningún otro club en la historia lo había logrado.

Mark Scherzer no pudo alcanzar la victoria y todo indicaba que Greinke lo conseguiría, pues lanzaba una joya hasta que Washington explotó en la séptima. El mundo orgulloso de los Astros se cayó a pedazos.

Cuando Daniel Hudson ponchó a Michael Brantley el béisbol terminó de hacerles justicia a los Nacionales y mandó el mensaje del que siempre hablan los puristas del béisbol: se gana con actitud más que con cheques multimillonarios. Los “Nats” tenían apenas 19 victorias cuando terminó mayo. Y terminaron 2019 como reyes de una increíble Serie Mundial.— Gaspar Silveira

 

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