Foto: Megamedia

Lo de la Mérida, homenaje puro al ganado bravo

Amigos aficionados…

Titulamos esta columna semanal dedicada a la Fiesta con un “¡Que viva el toro!”

Obvio que los que somos taurinos pensamos siempre eso. Sea para alabar al rey de la Fiesta, sea para hablar de la misma tauromaquia en su concepto total y global.

Pero ahora lo digo por algunas razones en particular, que aquí les comparto.

Una, porque, luego de ver que los toros traídos a la Plaza Mérida para la corrida del domingo pasado, especialmente los de Rancho Seco de la lidia ordinaria, cumplieron el cometido de lo que el toro bravo debe de ser.

Nada de espeluznante ni aparatosos en su armadura, ni de peso que espante. Simplemente dentro de lo que debe de ser. Y especialmente porque una vez más mostró Sergio Hernández, su criador, que puede haber bravura, que se pueden llevar a la plaza astados que transmitan, que sirvan para el toreo verdad. Los aficionados disfrutamos de esa corrida montada por Toros Yucatán. Se pudo palpar en los espectadores, en los comunicadores y, claro, en los protagonistas principales de la Fiesta, que son los que los enfrentan.

Entonces, ¿se puede o no tener toros acorde de una plaza de primera?

Lo vimos en la Mérida una vez más. Siempre nuestra plaza principal ha puesto en alto el listón en cuanto al torismo se refiere. Guadalajara y Mérida tienen en todo lo alto el listón del toro bravo. Nos hace pensar que el esperpento vivido en la Plaza México puede evitarse. ¿No lo creen?

Y la segunda razón a la que me referiré en esta ocasión es por la defensa del toro, en el concepto de Fiesta.

Leía temprano informaciones sobre la corrida del viernes en el aniversario de la Plaza de Cancún. Y me apena que la especie humana se aproveche, en su afán protagónico, de satanizar al grado de una ofensa aberrante y grosera, sobre el espectáculo de una corrida de toros.

No es mentira: 500 comentarios sobre una publicación y casi todos ofensivos. No lo señalaría si fuera solamente mencionar que no les gustan las corridas y que pidan prohibirlas. Lo menciono por la ridícula impresión que causan de pedir la muerte del torero, del ser humano, gozando al grado de locura el que sea el diestro la víctima. Grosero, aberrante.

Insistimos sobre un Jueves Taurino anterior: respeten. No les gusta, no vayan. Protesten si quieren, están en su derecho. Pero mofarse de un torero, de un ser humano, y desear su muerte, sólo hace verlos, literal, inhumanos. No desearía que a un antitaurino le ocurra algo por nada del mundo, con todo y que, como este domingo que caminaba a la Mérida, me gritaron “asesino”. Una vez más para ellos fui “asesino”, solo por ir a algo que lleva siglos de vida. No moví ni los labios ante la ofensiva de la señorita que, tatuada hasta no más, y con piercings en la nariz, me ofendía. ¿No pueden crititar sin insultar?

Así las cosas: respeten. Sólo eso pedimos.

Y, claro, seguimos diciendo a los cuatro vientos esa frase: ¡Que viva el toro!

Estamos con Cancún. Estamos con quienes buscan que la Fiesta siga viva. Lo de Mérida el domingo fue un bálsamo, un revulsivo, una muestra de que en nuestro campo bravo mexicano, hay toros bravos.

Nos saludamos el próximo jueves.— Gaspar Silveira

 

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