José Mauricio fue una de las revelaciones de final de año en los ruedos nacionales

Más lecciones que ganancias dejó el año que termina

Le hubiera pedido a Santa para estas fechas, pero mi lista pudo ser larga, muy larga, así que no le escribí nada al barbudo.

Quizá sí le diría algo a él y a todos: que se una a la Fiesta. Los que saben de esto que les digo tienen bien claro que, generalmente, el enemigo de la tauromaquia son los propios taurinos. No son, digamos, los de Quintana Roo, aterrizándolo en México, ni los de Cataluña, llevándolo a España, ni los que cada tarde de corrida en Mérida nos van a asustar con sus cartulinas y los rostros y espaldas pintados de rojo.

Igual, si no es mucha la exigencia, que salga el toro bravo como debe de ser, y que las principales figuras, de aquí y de allá, toreen a esos astados. Ya hemos dicho que es el verdadero y auténtico valor de la fiesta de los toros: edad, trapío y bravura.

Pero, bah, sé que es mucho pedirle, a Santa y a los taurinos. Así que pensemos un poco en que en lo que este año nos trajo.

Nos dio de todo, aquí, en México y sus plazas y al otro lado del charco.

Quedó de manifiesto que mientras en la Plaza México se sigue añorando el toro de verdad, Guadalajara y Mérida tienen su bandera alta. ¡Defiéndanla!

Dejó claro, una temporada más, que nuestro país adolece de una figura que pueda tener el tirón de los años gloriosos de Manolo Martínez, por hablar de tiempos relativamente recientes. El país tiene buenos toreros, pero no logran competencia ni levantan pasiones.

Nos sentenció a que las figuras de España tienen atadas de manos a la Fiesta. Y que España, aun teniendo para una alineación grande de toreros, temblaron los empresarios sin Andrés Roca Rey casi todo el año y esperando que José Tomás toree si le dan ganas.

Brindemos, pues, porque la Fiesta reciba la paz y que todos se unan por su bien. Que se pongan las pilas, desde los gestores de las plazas, sean grandes o sean chicas, hasta los toreros y sus cuadrillas. Que surjan figuras, que haya toros de verdad. Debe enorgullecerse de sus actores para que sus espectadores puedan aplaudirle. Cumplir, al menos, aunque eso da igual si solo es ir a firmar el trámite.

¿Cuán difícil sería si le escribimos eso como si fuera carta a Santa?

Nos saludamos el siguiente jueves.— Gaspar Silveira

 

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