Comparte sus conocimientos a jóvenes púgiles
Fernando “Candelita II” Várguez regresó al boxeo amateur después de muchísimas desilusiones en este deporte, en el amor y en la familia.
Lo hace como entrenador de niños, jóvenes y mujeres en un improvisado gimnasio que habilitó el calesero Israel Torres Velázquez al fondo de su vivienda ubicada en la calle 107 entre 66-B y 66-C de la colonia Obrera.
Empieza en cero, con unas cuerdas para brincar que él mismo elaboró de un grueso cable conductor de electricidad y manijas de manguera, unos guantes baratos recosturados por él mismo, una pera desgastada y desinflada, un “ponch” en buen estado y otros implementos de entrenamiento que consiguió Torres Velázquez para montar el gimnasio para “Candelita II”, que dará clases y sesiones de boxeo de 9 de la mañana a 2 de la tarde, de lunes a viernes. Después, en sus horas libres continuará con su actividad que le ha dado de comer durante los últimos 27 años: la venta de dulces.
La vida ha sido dura con “Candelita II” porque, dice, desde que tenía 6 años vivió la pobreza extrema, tuvo un padre alcohólico, y cuando tenía todo para convertirse en campeón nacional o mundial, fruto de su preparación y experiencia en el boxeo profesional, sufrió la quemadura del ojo izquierdo con aceite hirviendo cuando freía tripas de cerdo en el rastro municipal de Mérida, donde trabajaba en 1992.
Ese accidente de trabajo lo dejó sin uno de sus ojos y ocasionó que viviera los engaños más crueles porque le ofrecieron ayuda que no llegó, le dijeron que le darían un puesto de intendente en una escuela, metió sus papeles y en 27 años no recibió ninguna respuesta. Además, lo corrieron del rastro municipal, trabajó como cargador y también lo despidieron por su discapacidad visual.
Hoy “Candelita II” tiene nuevas ilusiones de forjar boxeadores y revela que su esperanza es su hija Paloma, quien le heredó su ADN del boxeo, su fortaleza y potente pegada. Ella tiene 11 años de edad y la prepara para que se foguee cuando termine la pandemia.
“Con ayuda de Israel, ojalá ahora sí podamos hacer algo bueno”, dijo en entrevista. “He sido entrenador, pero lo que pasa es que todos mis peleadores se los llevan cuando aprenden. Yo les enseño lo más difícil del abecedario del boxeo, como pasó con los ‘panaderitos’, ya que estaban avanzados en el boxeo se los llevaron por otro. Lo más difícil de una escuela es enseñar a gatear y caminar, en el boxeo lo difícil es enseñar a pelear. Cuando ya sabes este abecedario te llevan de la mano con facilidad”.
“Vamos a ver cómo sale esta nueva etapa, ojalá salga bien”, indicó. “Ahorita con dedicación y esfuerzo uno puede ser campeón, Yucatán es cuna de campeones de boxeadores, pero no los saben explotar bien. Si sale un peleador bueno, te lo roban, se lo llevan, lo lastiman y lo sacan porque ya no deja ganancias”.
Peleador de cuna
“Candelita II” presume que no bebe ni una gota de alcohol, tampoco es ladrón y no se droga, pero sí es peleador desde chico porque se agarraba a las trompadas con su hermano Javier “Candelita” Várguez, al grado que los tenían que separar los vecinos, sus padres y darles fuertes regaños.
“Quien me conoce sabe que no soy borracho ni ladrón. Mi mamá me enseñó buenos principios, mi papá no me pudo enseñar nada porque era alcohólico. Siempre le reclamaba que el que toma no es hombre, el hombre es el que trabaja y mantiene a su familia y le da amor, no el que te pega, te deja sin comer y te mata las ilusiones. A nosotros nos decía mi papá (conocido como Kid Candela) que Santa Claus no existe para los pobres, solo para los ricos. Par mí sí existe Santa Claus y los Reyes Magos, por algo sigue su historia hasta ahora. Es como mi tío ‘Chato’ Castillo, campeón mundial yucateco, ya pasaron muchos años, pero sigue su historia. Lo mismo con el campeón Miguel Canto que hizo 15 defensas y Guty Espadas, son campeones mundiales y no se olvidan”.
Recordó que desde que ingresó al boxeo profesional lo trataron mal. A su hermano Javier le pagaban un mes sin trabajar cuando se preparaba para su pelea, cuando peleó por el campeonato mundial le pagaron tres meses. Él tenía que trabajar para que le pagaran la semana. A su hermano le pagaban mejor en sus peleas, aunque una vez comprobó que sus promotores, apoderado y entrenador le quitaban la mitad de lo que firmaba en los contratos. Fue testigo cuando “Candelita” Várguez firmó una pelea por 80,000 dólares y solo le pagaron 90,000 pesos un mes después de la pelea.
“En el box puedes tener futuro, puedes ganar más que un profesionista. Me ha tocado ver a un licenciado que vende merengues en el mercado, a un contador público que está de vendedor en una fábrica”, contó. “En el boxeo no se estudia, se aprende, se ganan viajes, se gana dinero, amistades, trabajo, pero también te roban”.
Fatal accidente
Dice que lloró muchísimo y renegó de la vida cuando sufrió el accidente en el rastro porque le gusta el box. Sintió muy feo cuando todos le negaron apoyo para que viviera mejor. No hizo fortuna porque siempre le pagaban $3,500 cuando era pelea en el extranjero, como pasó en el Forum de California, $2,000 ante un clasificado nacional y $300 en peleas en el Polifórum.
“Yo me sorprendía cuando otros peleadores, como Teo Batún, que me contaba que ganó 20 millones cuando peleó contra mí, a mí me dieron 500 pesos por esa pelea”, señaló. “Los que manejan a los boxeadores se aprovechan de la ignorancia de uno, del deseo de ser famoso”.
Recuerda con orgullo que derrotó en el ring a boxeadores de la calidad de Suzuki Díaz y Chino Benítez, quienes eran clasificados mundiales, a Jorge Manuel Vera, Ratón Alonzo, Buzo González, Alejandro Sanabria, Joe Olivo, Santiago Méndez, con quien dio la mejor pelea en 1983 al grado que el público tiró dinero al ring. Lo mismo pasó contra Teo Batún en Cancún y Baratilleros.
La pobreza extrema hizo que él vendiera merengues para que ganara 100 pesos al día. Llenaba su tablero de merengues y recorría las calles en bicicleta. Era tan grande la tabla que llevaba en la cabeza que le decían en la calle “hay se va el Titanic” porque el tablerote se mecía en su cabeza por el viento o velocidad de la bicicleta, pero su carga no caía. Vendía, desyerbaba, trabajaba en el rastro y boxeaba para que a su madre no le faltara nada. Logró construir una casita en el mismo lugar donde creció en una edificación de cartón. Siempre su madre le decía que esa casita era de él, que cuando se case allí viviría, pero su padre puso la propiedad a nombre de su hermanita y ésta la vendió a su pareja en $30,000 y aquel la revendió en $250,000.
“Cada vez que paso por esa casa lo lloro, allí crecí, pasé mi infancia. Mi mamá me decía que era mi casa, pero como mi papá era ignorante, hicieron que firme para ponerlo a nombre de mi hermanita Balbina, la más chica que lo regaló a su pareja, un luchador”, Sus merengues llegan a Progreso y Chelem en temporadas vacacionales porque viaja en bicicleta hasta ese lugar para aprovechar la concentración de gente.
¿Cómo empezaste a entrenar de nuevo?, se le preguntó.
“Me insistió Israel. He entrenado a muchos, tengo gente que ya pelea a 6, 8 ó 10 round, pero están con otros. Son gente malagradecida y hay entrenadores que te roban tu trabajo”, indicó. “Se van a otro lado porque yo no tengo gimnasio, los entreno en la calle; cuando uno quiere aprender es donde sea”.
Afirma que a pesar de todo lo malo que le ha pasado en el boxeo, si volviera a nacer sería boxeador de nuevo, pero con la diferencia de que se cuidaría de los vividores y explotadores del boxeo.
“En 1988, cuando fui al Forum de Los Ángeles, me dijeron que era una bolsa millonaria, pero recibí 3,500 pesos de esa época. Fue mi mayor sueldo como boxeador”, recordó. “En esta nueva etapa veré que los muchachos entrenen bien, que hablen bien de mí en el boxeo, con sus victorias van a hablar bien de mí.
¿Pudiste ser campeón mundial?
“Nunca me clasificaron, tenía los méritos y la experiencia, le gané a excampeones nacionales y clasificados mundiales. Lo más que me clasificaron fue en el lugar número 20, no como ahora, con seis peleas ya eres clasificado mundial”, dijo. “Estuve a punto de ser campeón nacional, pero vendieron la pelea. Yo tenía noqueado a Willy Salazar en el sexto round, cuando salí al séptimo para terminar mi tarea, el entrenador Beto Rivero tiró la toalla diciendo que me conmocionaron, pero nada, no podía ganar”.
“Candelita II” reveló que tiene puesto sus esperanzas en su hija Paloma, quien tiene 11 años, y a quien entrena en su casa. Cuando esté más grandecita, dice, “la voy a llevar a foguear, quiere ser boxeadora, lo tiene en la sangre, mi papá fue boxeador le decían el Kit Candela, mi tío era el Toro Várguez González, de Tekit, mi tío Alfredo “Chato” Castillo fue bicampeón mundial y Javier fue buen peleador, tiene mi ADN. Mi hija tiene todo como yo, tiene mi temperamento, mi ADN, tiene la fuerza de mi pegada”.
El 22 de marzo próximo cumplirá 56 años de edad, se dice orgulloso de haber nacido en el barrio de San Sebastián y espera que en esta etapa olvide todas las desilusiones como boxeador y entrenador porque no olvida que, otros que lo invitaron para que entrene boxeadores, como Fidel López, Julio Chan y Lenin Jiménez, se quedaron con sus pocos implementos cuando estuvo con ellos.
Su mejor legado con sus pupilos es la enseñanza de la disciplina, obediencia a las instrucciones y que aprendan a dar los mejores golpe que él tuvo: el gancho al hígado y el gancho cruzado a la quijada, golpes contundentes que dan la victoria.— Joaquín Chan Caamal
