Salvan los “Perros Negros” la noche en el Kukulcán
Lo primero que un aficionado debería hacer para hablar del Juego 3 de la Serie del Rey ayer en el Parque Kukulcán es superar el problema llamado reventa, un cáncer que está creciendo cada vez más en cualquier evento masivo en Yucatán. Permitida, pero no respetada en sus orígenes, la reventa daña al deporte y los espectáculos.
Luego, habría que ponerse de pie y quitarse las gorras (ya no hay sombreros) ante los “Perros Negros”, los encargados del terreno de juego del gran parque yucateco. Sin ellos, nos quedábamos con las ganas de ver béisbol ayer.
Estamos seguros de que cientos de espectadores se fueron con los hombres que tienen en sus manos, de forma descarada, la mayoría de los boletos, y les pagaron lo que pedían con tal de no quedarse fuera. Tome en cuenta que, además, el aforo reducido al 40 por ciento (dicen, no me crea si no quiere, que había más de 6 mil espectadores). Tampoco nos crea cuando nos referimos a los montos: un boleto de 170 pesos (precio original) llegó a ser puesto en venta en mil pesos a eso del mediodía, y otros, de la ahora llamada zona de bleachers (butacas detrás de los jardines), de 90 pesos, hasta en 600 duros. Y uno de oro, a las 5 de la tarde (cuando la lluvia se detuvo), estaba cotizándose en 1,500. El mercado negro se fue en descaro bárbaro.
Preguntas de varios aficionados en mensajes de WhatSapp y en redes sociales: ¿Cómo pueden los revendedores tener tantos boletos si se supone que está restringida la venta?
Las peticiones de que la autoridad haga algo para evitarlo llegan por racimos en los enfadados aficionados, y con justa razón. Muchos fanáticos de los llamados “fieles” se quedaron sin asistir al estadio a ver a los Leones. Los que tuvieron plata no dudaron en pagarlo, prolongando a septiembre el agosto de los revendedores.
Y pues fue parte todo eso del show de la Serie del Rey.
La fuerte lluvia de la tarde, que se fue prolongando en lloviznas a cada rato, forzó a poner y quitar la lona varias veces. Entonces entraron en acción los pupilos de Javier Basto, los “Perros Negros”. Después de ver en tele y en vivo partidos de Grandes Ligas, y mirar cómo trabajan los hombres del campo, lo que hacen los yucatecos, herederos de las glorias de don Manuel González “La Chachalaca” (no directos, pero muchos llegaron de ese grupo o sus familiares), eso es una proeza. Descalzos, aguantando la lluvia y el lodazal.
Si los trabajadores se la rifaron en serio, tampoco bajaron la guardia los aficionados. Esto del béisbol y los yucatecos como una identidad es algo especial.
Las colas se formaban cuando aún caía el agua. Y por fin, corrió la noticia de que había Juego 3, pero retrasado en su inicio. Primero que a las 7:30, luego a las 8 y por último a las 8:10. Cuando doña Lupita Puerto, esposa del fallecido Gustavo Ricalde Durán, antiguo propietario de las fieras, lanzó la primera bola, a eso de las 8 de la noche, comenzó el partido.
¿Seis mil aficionados? Eso dicen los encargados de dar la asistencia: 5,960 aficionados con boleto pagado, más palcos y todo el personal que labora.
El Kukulcán estaba de fiesta, luego de todas las peripecias vividas. Y explotó cuando Luis Felipe Juárez mandó la pelota tras la verja del izquierdo en la primera entrada para poner adelante a los melenudos. Tenemos a nuestro Reggie Jackson en “Pepón”, pero… ¿Cómo decirle? Reggie es “Mr. Octubre”. Luis Felipe sería “Mr. Agosto-septiembre”. Entre esos dos meses de postemporada lleva diez jonrones, más que los nueve que en global tienen los Toros.
En la séptima comenzó otra vez a lloviznar y salieron paraguas y nailons (los vendedores los tienen siempre). Hasta Miguel “Alacrán” Berchelt, el excampeón mundial de boxeo, se paró para comprar uno en el palco VIP.
Para cerrar estas líneas, momento emotivo, que don Gustavo Ricalde seguramente aplaudió en el cielo: Óliver Pérez subió a la loma en la séptima. Sí, aquel que llegó a Mérida siendo un jovencito deseoso de ser alguien. Anoche lanzó con muchos kilos y experiencias de más en la loma donde debutó como profesional, antes de dar el salto a las Grandes Ligas. La presentación, por ser rival, fue tan pálida que a lo mejor muchos ni se enteraron. Pero, como nos dijo en el aeropuerto de Tijuana un día antes, le causaría emoción el recorrido del bullpen al montículo. Yo sí me emocioné y mucho.
Esto se pondrá mejor el viernes, no hay duda. Seguirá el aguinaldo anticipado de los revendedores, los “Perros Negros” estarán listos y el béisbol y los Leones, reliquias puras de los yucatecos, seguirán en busca de la gloria.— Gaspar Silveira M.
