Amigos aficionados…
Los toreros charros son parte fundamental del México taurino.
Hoy que estamos de fiesta nacional bien que caben a la mención muchos de los que amaban usar el famoso traje nacional. He leído sobre muchos, desde Juan Silveti Reynoso, el iniciador de la dinastía Silveti, y otros de más reciente cuño. Me queda en mente por ejemplo el reconocido Mariano Ramos, el torero Charro de La Viga, al que, cuando iba de tienta o en festivales, era un lujo solo verle vestido con esa gala.
No es cualquier cosa portarlo. No a cualquiera le queda, aunque cualquiera lo puede usar. El garbo y porte lo tienen pocos.
No hace mucho (antes de retirarse) Sebastián Castella, francés de la “f” a la “s”, se vistió de charro para un festival y dijo que nunca se había sentido tan torero como en esa ocasión que iba de elegante azul marino con todas las pasamanerías que tiene el traje.
“El Zapata”, Arturo Macias y otros más siempre se visten así, y otros diestros hispanos lo hacen al venir a nuestro país a hacer algunas temporadas. Y claro, también los charros sobre nuestros alguacilillos, los que abren el paseíllo y entregan las orejas.
Me dijo en un noviembre de hace un par de años el gran José María Napoleón, compositor e intérprete que fue torero de alternativa, que “la elegancia del mexicano se luce más cuando se visten de charro”.
Napoleón cumplió por cierto el martes 14 pasado 35 años de su doctorado en San Miguel de Allende, de manos de Fermín Espinosa “Armillita” y Guillermo Capetillo, que igual muchas veces se vistieron de charros.
Ser charro y torero es otra cosa.
