Que no sea la última noche. Que no sea…

No sabemos si vamos a ver más béisbol de Liga Mexicana en este Parque Kukulcán que es un templo, quizá como el Yankee, el Fenway y el Wrigley lo son para las Ligas Mayores, o Old Traford es el “teatro de los sueños”. Lo que sí sabemos es que si los Leones juegan como anoche, venciendo 2-0, para ganar dos partidos en el mismísimo averno, podríamos ver otra Serie del Rey.

Y, de paso, dejar fuera a un equipo de tanta tradición, tan ganador, pero que hoy está en el ojo del huracán, en medio de vergüenzas, porque su presidente y todo el equipo fueron castigados un año por intentar robar señas. Sí señor: los Diablos Rojos son el hazmerreír de la pelota mexicana porque Miguel Ojeda, quien hace unos días habló con el Diario sobre el orgullo y la dignidad de los dos protagonistas de la Serie de Campeonato de la Zona Sur, fue sancionado un año y los Diablos multados con más de 3 millones de pesos, tras una denuncia de los Leones. No ha habido pronunciamiento oficial de la LMB, pero sí varios portales han expresado que fue la Liga Mexicana la que les informó de las sanciones, lo que es una aceptación de un delito grave, que mancha al circuito, al equipo más tradicional y al béisbol en sí.

El presidente de la Liga, Horacio de la Vega, estuvo en el estadio, pero como un fan más, entre fotos y saludos, sin decir agua va…

Con la serie 3-2 aun en favor de los Diablos, la batalla se reanuda mañana con el Juego 6 en el Estadio “Alfredo Harp Helú”, donde se dio el robo de señales, o el intento, de parte de Ojeda.

Para llegar al paso siguiente los Leones se tuvieron que sacudir de sus fantasmas de los dos juegos anteriores en el Parque Kukulcán, donde otro lleno de 14,917 espectadores fue el marco esplendoroso para ver una joya de Elián Leyva en siete entradas, pero joya de verdad, y que explotó cuando Art Charles, el “Big Man”, puso en órbita la pelota para mandarla a más de 400 pies en el cierre de la séptima. Si Charles no la botaba, quizá no estuviéramos escribiendo el señalamiento hacia otro día más de vida de los Leones, porque vaya que ayer también el pitcheo de los Diablos fue brillante.

Leyva, quien lanzó como relevista en el Juego 1 y salió con una molestia física, corrió su lugar en la rotación, pero mereció la pena porque fue un verdadero recital lo que dictó anoche. Vea la línea: siete entradas, un hit, dos bases y ocho ponches, con 107 disparos. Retiró cinco de los siete actos en tres bateadores y no tuvo propiamente ningún momento complicado, salvo una vez que le llegó un corredor a la antesala.

Jeffry Niño también estuvo intratable. El abridor colombiano trabajó seis rollos con cuatro hits, aunque dio cinco bases y ponchó a cinco.

Donde estuvo el predicamento sufrido de los Diablos fue en su estrategia de mandar a a un lanzador de brazo equivocado en la séptima para lanzarles a los tres zurdos que venían en turno. Pero toleró hit de Norberto Obeso, permitió perfecto toque de sacrificio de Wálter Ibarra y Charles siguió con un batazo espectacular. Sin caer en fanatismos: ¡Qué emocionante! Desde que hizo contacto con la esférica sabía el gigantón californiano que era jonrón. La pelota cayó en las últimas butacas del jardín central mientras el Kukulcán, nuestro templo, explotaba con un júbilo que pocas veces se ve. Claro, eran los Diablos, ni más ni menos. Y, dolidos todos por ese trago muy amargo de que fueron pillados haciendo trampa. Quizá por eso se sintió más la euforia. ¿Qué habrán sentido, por ejemplo, los Yanquis al hablarse de la trampa de los Astros en MLB? Debe tener sensaciones totalmente indescriptibles, porque nunca se sabrá, o nunca se dirá, si era la primera o cuántas otra veces los Diablos, con su conocido poder e influencia, lo habían hecho.

Bueno, lo de Charles sacudió a todos. La ventaja no era decisiva, claro, y en la octava, Alex Tovalín, el mejor relevista león en esta serie, embasó a dos con dos fuera, y Roberto Vizcarra jaló del calentadero al zurdo Hunter Cervenka para lanzarle al zurdo Julián Ornelas, quien terminó con rodillas en tierra, dominado por el pitcheo rompiente del zurdo, algunas veces criticado. Un cero enorme, que todos celebraron, como cuando Jorge Rodón, ahora sí, colgó otro en la novena. El ponche a Roberto Ramos, el que despedazó el pitcheo hace unos meses en Corea, fue el colofón de una noche mágica, increíble. La señal de vida de los Leones en esta Serie de Campeonato. El rey de la Zona Sur tiene vida. Y los aficionados esperan que no sea la última noche.—Gaspar Silveira Malaver