Los Dodgers de Los Ángeles brillaron en una campaña regular de 100 victorias, en la que se valieron de su bateo poderoso para compensar los problemas por los que atravesó su rotación abridora.
El tiempo se agota para que esa fórmula produzca siquiera una victoria en playoffs.
Los Dodgers tendrán una última oportunidad en el tercer juego de la serie divisional de la Liga Nacional, en la que están en una desventaja de 2-0 ante los Diamondbacks de Arizona.
Se ha dicho mucho acerca del mal desempeño de los abridores en los primeros dos juegos, particularmente de la debacle de Clayton Kershaw en el encuentro inicial. Pero también es cierto que la contribución del bateo ha sido prácticamente nula.
Mookie Betts se ha ido de 7-0 en los primeros dos juegos, mientras que Max Muncy ha conectado de 7-1 y Freddie Freeman va de 6-1.
“Los rivales son quienes han pegado los grandes hits”, reconoció Muncy, quien acumuló 36 vuelacercas en la campaña regular. “Los playoffs son lo que cuenta. Hay que pegar hit cuando importa. Ellos han hecho varias veces y nosotros no”.
En el segundo juego, los Dodgers estaban por ejemplo abajo por 4-1 en la sexta entrada, y tenían las bases llenas con un out. El puertorriqueño Kiké Hernández empujó una carrera mediante un sencillo dentro del cuadro, pero James Outman se ponchó y Kolten Wong conectó un rodado inofensivo que puso fin a la amenaza.
Los Dodgers enviarán a Lance Lynn, derecho de 36 años, para que abra el tercer encuentro. Se unió al equipo antes de que venciera el plazo para los canjes, procedente de los Medias Blancas de Chicago, y tuvo una foja de 7-2, con EFE de 4.36.— AP
