Amigos aficionados…
¡Qué rápido se va el tiempo! Todo parece un suspiro.
El domingo 12 de noviembre pasado se cumplieron veinte años de que el recordado David Silveti decidió poner fin a su vida. Todas las veces que una muerte es propiciada sorprende, pero más porque, meses antes, “El Rey” había protagonizado momentos de verdadera apoteosis taurina.
Y David Silveti Barry, hijo y nieto, hermano de torero (y sin pensarlo, padre de torero) puso fin a su vida porque las circunstancias le arrebataban lo que más añoraba: torear. Quedaron en el recuerdo sus faenas grandes de la segunda época de una trayectoria en que destacaron más, en las estadísticas, las veces que pasó por el quirófano (más de cuarenta operaciones).
Recordaba hace unos días mientras veía en la red el vídeo de la faena a “Mar de Nubes”, un toro que era de desperdicio y al que David le hizo una faena de esas de época. Su toreo lento, forzado por las lesiones, casi inválido, sin poder aligerar el paso. No hace falta al alarde, pero pocas veces he visto a la Plaza México vibrar de sentimiento como con aquel trasteo de David el 12 de enero de 1993 a ese astado de Fernando de la Mora. Si la ve, escuche la narración de Aurelio Pérez para contagiarse. Merece la pena.
Otra, fue la faena a “Solitario”, de Julio Delgado, el 3 de febrero de 2003. Impresionante la forma de verle caminar casi arrastrando los pies, sin fuerza, y las manos le temblaban cuando iba acomodando la muleta en su diestra. Pero más impresionante la forma de reaccionar del público que aquella vez fue a ver un cartel romántico con Silveti, “Armillita Chico” y Jorge Gutiérrez. Las tandas de naturales fueron épicas, eternas, de impresionante sentir.
Y sí, ya son dos décadas sin “El Rey”, que, sin cortar una sola oreja, en dos de sus faenas más rotunas fue el triunfador sentimental de los aficionados en el coso de Insurgentes.
El infierno de David por tantas lesiones se cerró trágicamente. Simplemente porque ya no podía torear. Su herencia fue grande, como la de los antepasados de una de las dinastías más grandes del toreo en el mundo.
No dudo que, entre muchos de sus versos, el profesor Francisco Ayala Canto, poeta yucateco de los toros, le haya dedicado alguno al “Rey”. El maestro Ayala falleció hace unos días en Mérida. Pocos lo recordaron, pero fue grande su quehacer taurino, sin compromisos con nadie, más que con la fiesta misma. Seguramente arriba le podrá dedicar a David y a otros de los toreros alguno de sus romances, como escribía y pintaba aquí en Yucatán.
Y para cerrar, este domingo habrá toros en la Feria de Xmatkuil. Interesante cartel con Fermín Rivera, nieto del famoso “Maestro Fermín” y sobrino de Curro, con la joven colombiana Rocío Moreli, que vaya que tiene historias de vida para contar. El serial será de tres tardes, con dos más en los domingos siguientes. Vale la pena darse la vuelta por el recinto ferial del Sur de Mérida. Gaspar Silveira Malaver
