Amigos aficionados…
Disfrutamos hace poco las mieles que dejaron ver a la Plaza Mérida, un patrimonio de la tauromaquia mexicana, llegar a 95 años de funcionamiento. Quizá, lo que más importa, es que tantas décadas de puertas abiertas tengan un sentido de valor. Y eso podría resumirse a una palabra: referente.
Lo decía Diego Ventura hace unos días, cuando charló con el Diario sobre su retorno al ruedo de la Mérida, haciendo hincapié de ser el lugar “donde comenzó todo mi amor por México”.
Refería el caballista luso-sevillano que cada que planea una temporada en México, “pienso en Mérida siempre. Si no tengo una tarde allí, como que no me voy contento”.
Y efectivamente, con los años, eso es lo que generalmente se debe de lograr con el arraigo. Toreros extranjeros que dicen, por ejemplo, que “no torear en la México es estar insatisfechos”.
En los años recientes creemos que la Mérida va tomando esos valores. Va teniendo fechas muy marcadas en el calendario taurino. Los rejoneadores se pelean la tradicional corrida de Año Nuevo, infaltable desde hace décadas. Los matadores de a pie quieren aparecer en el último domingo de enero para conmemorar el aniversario de inauguración del coso de Reforma. Hay quienes, nos han dicho, esperan estar al pie para cuando se conmemore el centenario.
Decía hace un par de años, incluso, Rafael Gil “Rafaelillo”, el torero gitano que regresó a la vida con sangre yucateca tras la gravísima cornada de mayo de 1977 en la Mérida. “Hasta para morir hay que escoger dónde, si puedes. Y si me moría en la Mérida, habría merecido la pena”. Vive el tijuanense y siempre tiene como referente nuestro viejo coso.
Ventura, con 18 salidas en hombros por la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid, quiere dejar huella en Mérida. Como cuando debutó en el Año Nuevo de 2011, triunfando en la tarde en que “Morante”, su caballo blanco, que mordía a los toros.
Buscar el equilibrio es a veces lo más complicado. El cartel para el domingo que viene, en la cuarta corrida de la temporada, tiene interés, sin dar coba. Ventura, Leo Valadez e Isaac Fonseca estarán aquí y también en los principales redondeles de la geografía mundial. Eso debe marcar diferencias.
Y desde aquí, seguimos pidiendo por la recuperación del joven torero José Alberto Ortega, gravemente corneado el viernes pasado en Tlaxcala. El percance fue uno de los más aparatosos que se hayan dado en México en muchos años.
También, aprovechamos para destacar el gran papel que está haciendo el yucateco José Ventura hijo como subalterno. En el aniversario de la Mérida saludó dos fuertes ovaciones tras brillantes pares de banderillas. El viernes pasado fue llamado al tercio luego de clavar un extraordinario par de rehiletes. Está mostrando cualidades bárbaras como torero de plata. Desde sus inicios José, hijo de José Buenaventura Chuc “Ventura”, mostró capacidad asombrosa para los tres palos. Dejó de lado su sueño de buscar la alternativa de matador, pero se decantó por ser subalterno. Y lo está haciendo con creces. Merece, sin duda, un apartado especial, lo que está haciendo.- Gaspar Silveira


