El torero peruano Andrés Roca Rey lidia su primer toro durante la corrida de Domingo de Resurrección, ayer en la Real Maestranza de Sevilla
El torero peruano Andrés Roca Rey lidia su primer toro durante la corrida de Domingo de Resurrección, ayer en la Real Maestranza de Sevilla

El intenso frío ambiental y un inesperado aguacero —que demoró casi 40 minutos el comienzo del festejo— marcaron ayer el desarrollo de la corrida inaugural de la temporada taurina en la plaza de la Maestranza de Sevilla, endulzada a duras penas por los trofeos que pasearon Sebastián Castella y Roca Rey.

Se lidiaron cuatro toros de Hermanos García Jiménez y sendos sobreros de Olga Jiménez y Román Sorando que saltaron en tercero y sexto lugar. El primero resultó blando y sin alma; tuvo buen fondo, especialmente por el izquierdo, el segundo; el serio tercero fue un gran toro por pronto e importante; no tuvo clase ni ritmo el cuarto. Quinto y sexto resultaron deslucidos.

Morante de la Puebla tuvo silencio en ambos.

El éxito taquillero de la corrida del Domingo de Resurrección estaba asegurado aunque el clima, que ya había echado por tierra una Semana Santa olvidable, volvió a colocarse a contrapelo antes del inicio del festejo en forma de un largo aguacero que obligó a demorar su comienzo y restañar el estado del ruedo.

En esa tesitura, la corrida comenzó con un enorme retraso que se fue acumulando a la vez que arreciaba el frío, apenas cubierto por las orejas de distinto peso que cortaron Sebastián Castella y Andrés Roca rey en el nudo central de una corrida, en la que se lamentó la mala suerte de Morante de la Puebla.

Los vericuetos de la política taurina habían influido en la conformación de una terna que, en la calle, se había soñado de otra forma. El acreedor natural del tercer puesto —dando por hecho que Morante y Roca tenían plaza fija— era Daniel Luque, pero el indisimulado veto que ejerce su colega peruano le acabó cerrando la puerta.

Roca iba a escuchar el nombre de su rival durante la lidia de los dos toros que le tocaron en suerte que, curiosamente, no serían ninguno de los que habían sorteado sus hombres por la mañana. El caso es que el tercero iba a ser un pavoroso sobrero de Olga Jiménez que permitió contemplar los mejores registros del diestro limeño, que dejó a un lado sus recursos más efectistas para torear templado, encajado y con trazo definido.

Fue una faena que supo aprovechar en sus primeros compases la prontitud del inmenso y serio toro de los Matilla. El toro pedía casi todo en la distancia larga y así lo supo ver Roca Rey en varias rondas de muletazos por ambas manos rematadas con excelentes pases de pecho. El diestro peruano pecó de intentar alargar el trasteo cuando el animal estaba pidiendo la muerte, pero una contundente estocada amarró la oreja que paseó.

El sexto iba a ser otro sobrero marcado con el hierro de Román Sorando que, sorprendentemente, no sustituía a ningún toro devuelto. La explicación no tardaría en trascender: el toro de Matilla enlotado para saltar al ruedo se encontraba congestionado en los corrales, inútil para la lidia. El sustituto fue un manso aquerenciado que no permitió el menor lucimiento.

La otra oreja la cortó Sebastián Castella a un tercero de escasa presencia que mostró su buen fondo cuando el francés se echó la muleta a la mano izquierda. Fue una faena templada que tuvo la virtud de consentir la embestida hasta hacerla fluir al natural, base fundamental de una faena rematada de una buena estocada. El quinto apenas le iba a dar opciones.

Por delante había toreado Morante. El diestro reaparecía en Sevilla después de dejar de torear en Almendralejo y Navalmoral de la Mata y puso todo de su parte con un lote casi imposible. Tres o cuatro lances y un puñado de muletazos iban a ser, en realidad, lo mejor de la tarde.—EFE

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán