“¿Sabe cómo se llama eso que usted enseña?”, preguntó intrigado un entrenador extranjero a la joven maestra que usaba la intuición para combinar movimientos dancísticos con calistenia para sus pupilas.
“Se llama gimnasia rítmica y también puede practicarse con aparatos”.
El instinto había encaminado a la maestra Socorro Cerón Herrera, desde finales de los años 60, hacia la improvisación de técnicas novedosas que afianzó con investigación y viajes, y que germinaron, mucho después, en la construcción de un proyecto que a lo largo de más de cuatro décadas ha sido pilar fundamental de la vida deportiva de Yucatán y México. La suya es una historia que merece ser conocida a detalle, pero que hoy sirve para detonar la narración del momento histórico que el deporte mexicano está a punto de vivir.
La gimnasia rítmica es una disciplina que combina ballet, danza y acrobacia utilizando aparatos como la cuerda, el aro, la pelota, la cinta y las clavas. Las gimnastas realizan rutinas coreografiadas al ritmo de la música. Frecuentemente es confundida con la gimnasia artística, erróneamente llamada “olímpica”, confusión que se remonta a cuando no era considerada parte del catálogo del olimpismo. No fue sino hasta Los Ángeles ‘84 que pudimos verla en el programa de la más importante justa deportiva a nivel internacional.
El próximo 9 de agosto, a las 10 horas, tiempo de París, el primer conjunto de gimnasia rítmica mexicano calificado a unos Juegos Olímpicos pisará el tapete de competencia. Tres de sus cinco integrantes son yucatecas: Dalia Alcocer Piña, Julia Gutiérrez Pereira y Adirem Tejeda Amaro; y dos de estas tres (Alcocer y Gutiérrez) pertenecen al Club Heymo, con sede en Mérida.
Durante su juventud, Heidy y Mónica Ortega Rosado, de la mano de la maestra Cerón Herrera, alcanzaron importantes logros tanto a nivel nacional como en competencias en países como Japón, Cuba y Rusia. Al concluir su carrera deportiva, en 1992, fundaron el gimnasio Heymo con el objetivo de impartir sus conocimientos y experiencia a las nuevas generaciones.
“Han sido 32 años de trabajar para promover el deporte e intentar que cada niña, independientemente de sus condiciones físicas, presente un avance propio, logre su mayor capacidad. También queremos formarlas como seres humanos con valores, con herramientas para afrontar con éxito los retos”, me dice Mónica, incluyendo a su hermana en sus reflexiones. Se sienten orgullosas de su trabajo, pero también del equipo de entrenadoras que han formado, entre las que destacan Sandra Arregoitia, Andrea Cicero y Nidia Ojeda, quienes han sido parte fundamental del crecimiento y los resultados. No es la primera vez que Heymo aporta gimnastas a la selección nacional y seguramente no será la última. A finales de los 90 y durante la primera década de 2000, atletas como Cristina Esquivel, María Eugenia Gamboa, Beatriz Gamboa y Ana Paulina González portaron el uniforme mexicano en justas internacionales. En 2012, un conjunto juvenil conformado exclusivamente por jóvenes de Heymo resultó medallista panamericano en Córdoba, Argentina, después de haberse ganado su pase al evento al convertirse en campeón de la Olimpíada Nacional. En la actualidad, destaca el nombre de la yucateca Ana Luisa Abraham Habib, también de ese club, como un importante prospecto de la rítmica mexicana. Con sólo 13 años de edad, es parte de la selección nacional junior en la competencia individual y ha dado ya, desde su incorporación al Centro Nacional de Alto Rendimiento en 2023, resultados que la perfilan como una de las mexicanas con probabilidades de alcanzar el sueño olímpico en el futuro.
Otra deportista yucateca de Heymo en la selección nacional es Jaydee Novelo, quien forma parte del conjunto juvenil mexicano.
La historia de las integrantes del conjunto mexicano que competirá en los Juegos Olímpicos de París 2024 inicia de manera similar: niñas con condiciones físicas para la práctica del deporte, pero también, disciplinadas y apasionadas por la gimnasia. Se alejaron de su casa a una muy corta edad, no sin tristeza y a costa de los sacrificios económicos y personales de sus padres y hermanos, porque era el siguiente paso, la única forma de emprender con seriedad el sueño de convertirse en un atleta de élite.
¿Vale la pena? La pregunta cimbró con frecuencia a sus familias durante años, pero parece no dar cabida más que a una sola respuesta al arribar a París: sí.
“Otra característica común en la historia de Dalia y Julia es que sus familias siempre depositaron su confianza en nosotras, nos permitieron guiarlas”, agrega Mónica. Dalia Alcocer fue convocada al CENAR como atleta individual desde los 12 años (hoy tiene 20), pero al comienzo del ciclo olímpico en 2020 la consideraron para la integración del conjunto. Por su parte, Julia fue elegida como suplente en las pruebas anuales realizadas en 2022, pero su trabajo y determinación, así como la oportunidad de llenar un espacio, la convirtieron en la atleta más joven de toda la delegación mexicana en París con 16 años.
Adirem, por su parte, pertenece al Club Polideportivo y ha estado en el CENAR por dos ciclos olímpicos, lo que la convierte en la gimnasta con más experiencia del grupo.
Cuando les pregunto a las hermanas Ortega sobre las posibilidades del conjunto responden con claridad: los ocho mejores equipos pasan a las finales. Es difícil lograrlo, pero no imposible.
La historia que comenzó con la inquietud y la visión de Socorro Cerón Herrera, encontró tierra fértil en sus más destacadas alumnas. Heidy y Mónica hoy son un referente y al mismo tiempo un ejemplo de lo que la vida deportiva aporta a los seres humanos: humildad tanto en el triunfo como en las derrotas, y la conciencia del trabajo como la única respuesta posible para cualquier circunstancia. Saborean el presente, pero no quitan la vista del futuro: no se ciegan, tampoco se detienen. Todavía hay muchos más hitos por conseguir y muchas campeonas de la vida por formar, sean deportistas olímpicas, o no. Mérida, agosto de 2024
