Cuando lo firmaron, los Dodgers sabían que tenían en manos a un prodigio. El sonorense tenía una recta aceptable, cercana a las 90 millas, una buena curva y colocaba bien sus lanzamientos en las esquinas.
Pero para el gerente Al Campanis no era suficiente para llegar a las Grandes Ligas, por lo que le pidió a Mike Brito que le buscaran un nuevo lanzamiento para añadirlo a su repertorio. Brito recordó de inmediato a Bob Castillo, un lanzador mexicoamericano, a quien en alguna ocasión se le paró a batear y lo había ponchado con un sensacional screwball.
Castillo, quien en ese momento pertenecía a Dodgers, había jugado en la Liga Mexicana, circuito en el que aprendió a lanzar el screwball luego de observar al mexicano Enrique Romo.
El comienzo para aprender a dominar el tirabuzón o la bola de tornillo, como también era conocido, no fue fácil para Fernando Valenzuela. Pero cuando la dominó, fue lo mejor para el zurdo.
