Ichiro Suzuki encarna todo lo esencial del béisbol, pero es mucho más que eso en Japón.
En su país, es una fuente de orgullo nacional, al igual que Shohei Ohtani ahora. Sus triunfos al otro lado del Pacífico brindaron alegría a la nación cuando la economía de Japón se tambaleaba durante las llamadas décadas perdidas de los años 90 y hasta los 2000.
Hoy, se convertirá en el primer jugador japonés en ser entronizado al Salón de la Fama del Béisbol, y posiblemente solo el segundo jugador elegido por unanimidad después del cerrador de los Yanquis de Nueva York, el panameño Mariano Rivera.
Ichiro debutó en las Grandes Ligas en 2001 con los Marineros de Seattle, convirtiéndose en el primer jugador de posición japonés en cruzar el Pacífico.
Fue una estrella instantánea. El lanzador zurdo Hideo Nomo lo precedió, y Hideki Matsui llegó justo después, ambos impulsando la confianza del país en un período de malestar nacional.
Ichiro ingresará al Salón de la Fama como el líder de todos los tiempos en hits en el béisbol profesional con 4, 367 (3, 089 en MLB y 1, 278 en Japón), incluso más que los 4,256 de Pete Rose.
Rompió la marca de hits en una temporada de George Sisler, de 257 en 2004. La nueva marca es 262.
Jugó sus últimos dos partidos durante 2019 en el Domo de Tokio contra los Atléticos y se fue de 5-0 para los Marineros. Decidió retirarse a los 45 años.
“Realmente quería jugar hasta los 50, pero no pude hacerlo. Sin embargo, fue una forma de motivarme”, mencionó Suzuki tras anunciar su retiro de los diamantes. La llamada de Ichiro a Cooperstown llega en medio de un gran aumento del talento japonés. — AP
