• Plaza de Toros MéxicoInauguración 5 de febrero de 1946Neguib Simón Jalife
  • MEX1730. CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 03/02/2025.- El torero peruano Andrés Roca Rey celebra tras cortar cuatro orejas y un rabo al toro 'Jefw Arana' de 514 kg, este lunes en la Plaza de Toros México, en Ciudad de México (México). EFE/ Mario Guzmán
  • Plaza de Toros MéxicoInauguración 5 de febrero de 1946Neguib Simón Jalife

Comenta la reseña del Diario del miércoles 6 de febrero de 1946 que, “llena con más de 50,000 almas, la máxima plaza de la industria taurina”.

La que abrió sus puertas el 5 de febrero de 1946 es y sigue siendo dueña de ese calificativo. Es la de mayor tamaño de todo el mundo en aforo y, tal vez la que, haciendo cuentas, pueda ser la que mayores recursos pueda generar.

¿Cómo surge su vida?

Fue obra de un yucateco de origen libanés que es considerado uno de los mayores visionarios de la empresa en México. La placa que aparece bajo el busto de Neguib Simón Jalife dice: “Promotor, constructor y fundador”.

Su sueño era tener una Ciudad de los Deportes. Todo quedó en la Monumental de toros y el estadio de fútbol, que hoy utiliza el América, pero que ha dado cobijo a Atlante y a Cruz Azul.

La idea fue del yucateco, el que arriesgó su fortuna (y la perdió casi toda), y la obra fue construida por Modesto Rolland, un destacado ingeniero de la época.

Los apuntes de varios libros señalan que la primera piedra fue colocada el 28 de abril de 1944, en ceremonia que encabezó el regente Javier Rojo Gómez. Y se señala que unos 10 mil obreros trabajaron de día y de noche para terminar la obra en un tiempo récord de seis meses.

La idea era que la inauguración sea con la mayor figura del toreo de la época, Manuel Rodríguez “Manolete”, y pues la temporada del “Monstruo de Córdoba”, antes de comenzar en España, era de diciembre a fines de febrero.

“Manolete” ya había dicho que estaba decidido a retirarse pronto de los ruedos, así que los ruegos de don Neguib y el ingeniero Rolland se hicieron escuchar. Las imágenes de la construcción que se ven en el blanco y negro de la época son verdaderamente espectaculares.

Neguib Simón organizó la temporada del 46, pero le fue un fracaso económico, salvo la corrida inaugural, que tuvo como cartel a Luis Castro “El Soldado”, “Manolete” y Luis Procuna, con toros de San Mateo.

La historia del recinto de la colonia Noche Buena es impresionante. Los máximos exponentes del toreo han desfilado por su arena y es la que, en el país, impone.

Los llenos que ha protagonizado forman una lista enorme, en todas las épocas. Triunfos, ni se diga; fracasos, igual, muchos; tragedia, también. Y figuras creadas gracias a torear allá, son muchas.

La más reciente es Andrés Roca Rey, autor de una actuación de cuatro orejas y un rabo en la corrida del lunes 3.

Una de las últimas fue Enrique Ponce, que hoy se despide. El de Chiva, Valencia, ha sido uno de los consentidos desde que pisó esa arena.

Su última tarde vestido de luces será en la México, hoy, en un adiós que se espera sea apoteósico, como cuando, en el lejano 1946, veían Neguib Simón y Modesto Rolland cómo entraban los aficionados para la tarde de apertura.

Dice una columna firmada por Luis Gutiérrez Muñoz en el Diario de esos días que los capitalinos estaban con la boca abierta viendo cómo había quedado esa obra de dimensiones llamadas incluso faraónicas, de soñadores. Apunta que, entonces, “Manolete” cobraba para una tarde de tres toreros 120,000 pesos de la época, y 180 si la corrida era en mano a mano, es decir, 60 mil pesos por toro.

Las entradas de generales costaban 3.50 pesos en sol y 5 pesos en sombra. Para hoy, esas localidades están en 150 y 250, respectivamente. Con todas las devaluaciones que ha habido y los ceros que han quitado, una fortuna.

Pero la gente reventó la taquilla. “Manolete” era el ídolo, la plaza una novedad y los aficionados pagaron por verle, desafiando incluso a muchos críticos que llegaron a señalar que era un riesgo ir a un coso que apenas terminaba de edificarse con hormigón y concreto, Lo cierto es que pasó la prueba de resistencia al tener un saco de arena en cada uno de los 50 mil espacios.

La Plaza México sigue siendo, por mucho, la más grande del mundo, aunque ha reducido su aforo a 42 mil personas. Ni España con sus cientos de recintos taurinos se acerca a esa capacidad, y en el planeta taurino no hay tampoco una cercana. La Plaza de Las Ventas de Madrid da abrigo a 23,783 aficionados; la de Valencia, Venezuela, acepta a 25,000, y a la Monumental Las Playas de Tijuana, le caben 22,000. La Monumental de Barcelona, hoy en desuso, cuenta con espacio para 19,582.

Ponce hará el paseíllo hoy llevando de alternantes a Diego Silveti, torero mexicano cuyo padre (David), tío (Alejandro) y abuelo (Juan Silveti Mañón) se vistieron de luces en la Monumental capitalina.

El tercero en la tarde será Alejandro Adame, de una estirpe de toreros de Aguascalientes (hermano de los matadores Joselito y Luis David), para despachar astados de Los Encinos.

Y se debe considerar que la México de esos años tiene mucho de la México en estos tiempos en lo que a toros se refiere. A “Manolete” y a otras grandes figuras de España, por ejemplo, le “escogían” a sus toros (así pasó en sus actuaciones en la Plaza Mérida), y hoy día en Insurgentes la primordial queja de los aficionados es la falta de trapío y bravura de los toros. Así la México, siempre.— Gaspar Silveira Malaver

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