Siempre se dice que los récords se hicieron para romperse. En béisbol, las marcas, sobre todo las legendarias, son la leyenda, la inspiración de niños cuando comienzan su andar en el diamante.
Ya está roto, desde hace años, el de Babe Ruth de 714 jonrones, pero todo mundo recuerda al inmortal “Bambino”, más, incluso, que a Hank Aaron, que lo superó primero, y a Barry Bonds, que estableció el vigente. Podemos decir lo mismo de las famosas 511 victorias de Cy Young, que tal vez nunca sean superadas, ni los 2,632 juegos consecutivos que logró Cal Ripken Jr. Esos y muchos más.
Pero es el nuevo béisbol el que está haciendo que las aspiraciones de llegar a números tan grandes y preciados sean limitadas cada día más.
El béisbol de ahora no toca la bola, casi no roba bases y tiene a los lanzadores tirando apenas cinco entradas o con 80 o 100 pitcheos, ya los están cambiando para dar cabida a relevistas de dos tercios, o dos bateadores, o cuando mucho una entrada.
A todo esto, el “nuevo béisbol” alude a las recientes modificaciones en las reglas de las Grandes Ligas y la Liga Mexicana de Béisbol (LMB), diseñadas para acelerar el juego y reducir el tiempo de duración de los partidos. Estas modificaciones incluyen límites en las desconexiones del bateador, prohibición de bloqueos en home, y un reloj de lanzamiento para mantener el ritmo de juego. Además, se busca un béisbol más dinámico y espectacular, con jugadores mostrando habilidades atléticas excepcionales. Eso dicen…
Porque, ciertamente, una de las riquezas de este juego era ver acciones espectaculares, pero con juegos apretados, de pocas carreras.
En esta entrega en los “Domingos especiales”, vamos a mencionar los principales récords de las Grandes Ligas, esperando, primero Dios, una segunda que nos permita hablar de las marcas de la Liga Mexicana, que igual se ven inalcanzables.
Además de los que señalamos arriba, los que más impresionan, sin duda, son los siguientes:
Joe DiMaggio y su gran racha: El famoso “Yankee Clipper” tuvo una cadena de 56 juegos consecutivos conectando al menos un hit en la temporada de 1941. La comenzó el 15 de mayo y terminó el 16 de julio y es un récord en la MLB y se considera uno de los más difíciles de romper. Durante esos 56 juegos, DiMaggio compiló porcentaje de .408, conectó 91 hits, incluyendo 16 dobles, 4 triples y 15 jonrones, anotó 56 carreras y produjo 55 carreras impulsadas. ¿Por qué difícil de romper? La consistencia es la más difícil de todas las virtudes. Hoy, cuidan mucho el ir por un hit por juego. El “Clipper” era una máquina bateando en esas fechas.
Nolan Ryan y un doblete: El “Expresso de Refugio” logró muchísimas marcas, destacando dos, como son sus 5,714 ponches y siete juegos sin hit ni carrera. Los lanzadores ponchan cada vez menos y pitchean también menos juegos. Ryan duró muchos años en MLB (lanzó de los 19 a los 46 años), algo que ya no se hace pero ni de relajo, pero siempre con potencia: 807 apariciones, 773 aperturas y 5,386 innings lanzados. ¿Alguien durará tanto? Ahora tiran cinco o seis actos los abridores, y ya es mucho. Raro el que vaya por más de 10 ponches.
Ryan, ironías, nunca ganó un Cy Young ni llegó a 20 victorias en todos sus años en MLB. Pero lanzó siete gemas sin hit ni carrera, algo que también se antoja difícil de alcanzar. Siete joyas de nueve entradas. La primera proeza es ver que el pitcher llegue a completar nueve actos.
Las 511 de Cy Young: Es, como Ruth y Ty Cobb, parte de la mitología del béisbol, porque jugaron en una época en que todo era distinto, especialmente la medición del juego. Young logro 511 victorias, lo que lo convierte en el líder de todos los tiempos. Este récord sigue siendo inigualable y probablemente nunca sea superado. Además de las victorias, también lidera en aperturas (815), juegos completos (749) y entradas lanzadas (7,356). Después del “Ciclón” siguen Walter Johnson (417 éxitos), Pete Alexander (373), Christy Mathewson y Grover Cleveland Alexander (empatados con 473). Son, definitivamente, de otra época. De los tiempos recientes, el que más triunfos obtuvo fue Greg Maddux con 355, una más que Roger Clemens.
Rickey Henderson: el arte de robar: Rickey fue uno de los peloteros más completos de todos los tiempos. Posee el récord de bases robadas con un total de 1,406. El segundo lugar en la lista, Lou Brock, se encuentra a más de 400 bases robadas de distancia. También ostenta otros récords relacionados con las bases robadas, como el de mayor número en una temporada, con 130 en 1982. Además, fue el primer jugador en la historia de las Grandes Ligas en superar los 1,000 hurtos.
Ripken: el caballo de hierro. Su marca de 2,632 juegos consecutivos es una de las más impresionantes y lo convirtió en un símbolo de resistencia y dedicación, superando la marca anterior de Lou Gehrig de 2,130. La racha de Ripken comenzó el 30 de mayo de 1982 y terminó el 20 de septiembre de 1998.
Hoy en día, con el béisbol más enfocado en el show, y hacer carreras con batazos grandes, salir a robar bases es como una ofensa. Basta decir que esta temporada, el líder general en MLB es José Caballero, quien con Tampa Bay (antes de pasar a los Yanquis) logró 35 en 87 juegos.— Gaspar Silveira Malaver



