La muerte de Marcos Ortega, uno de los toreros mexicanos más importantes de los años 70 y 80, reconocido entre los mejores toreros-banderilleros, causó luto en la tauromaquia nacional y más allá de las fronteras.
Su deceso, ocurrido en Ciudad de México, se dio el día que se cumplían las bodas de oro de su alternativa, tomada en la Monumental de Barcelona. Se la cedió Ángel Teruel, con el testimonio de Dámaso González, ante toros de Juan Mari Pérez Tabernero, el 3 de agosto de 1975.
Ortega venía padeciendo problemas de salud, inclusive, hace algunas semanas estuvo ingresado, producto de un percance cerebrovascular, del que aparentemente se estaba recuperando, a sus 70 años (cumplidos el pasado 19 de mayo).
Ortega fue un novillero referente en México, profesión que abrazó, desde 1970, debido al ejemplo de su padre Antonio Ortega, que también vistió de luces como novillero. En la Plaza México, que pisó en 1972 por vez primera, llegó a torear hasta 15 novilladas en dos temporadas. Con buen cartel, el torero nacido en Morelia se lanzó a España, destacando de novillero y liderando, incluso, el escalafón menor. Uno de sus triunfos más recordados se dio en Algemesí, donde, con la entrega absoluta que lo caracterizaba, cortó incluso una pata, hazaña que se conserva en la memoria colectiva.
A finales de 1975 confirmó alternativa en la Plaza México ante una gran expectación por lo conseguido como novillero y lo realizado en España. Curro Rivera y Manolo Arruza le confirmaron la alternativa, de acuerdo con información del bibliófilo taurino mexicano Xavier González Fisher.
Toreó en los cosos importantes de México, incluida la Mérida, donde existe una placa en recuerdo a una memorable faena a “Secretario”, en 1975.
También tuvo momentos memorables con un toro de Sinkehuel en los 80, alternando con Álvaro Cámara hijo, comenta Eduardo Puerto López en su “Burladero de Sin Sin”.— Gaspar Silveira
