Por Rafael J. Ramos Vázquez
En el año 92 del siglo pasado, los Astros de Houston tenían la primera opción para escoger en el draft. Su buscador de talentos, Hal Newhouser, había realizado un trabajo a conciencia para encontrar y recomendar a los mejores prospectos que había en los campos beisboleros. En su informe sugirió enfáticamente a la directiva que había un joven talento que debía ser adquirido. Su nombre: Derek Sanderson Jeter, que en el futuro sería conocido en la Gran Carpa como Derek Jeter.
Pero como sucede muchas veces la Fortuna metió las manos y cambió el curso de la historia. El representante astro no siguió el consejo y la suerte le dio la espalda.
El apoderado de los Yankee, guiado por el dedo del destino, en la sexta ronda escogió al jugador. Newhouser se enojó tanto con el mandamás del equipo, que presentó su renuncia. El tiempo le dio la razón.
Jeter fue un extraordinario pelotero. Tal vez sin estar a la altura de ídolos como Mickey Mantle, Joe DiMaggio, Babe Ruth, Yogi Berra y muchos más que conforman la élite de estrellas que han pasado por los Bombarderos del Bronx, el equipo más representativo de las Grandes Ligas, el nacido en Nueva Jersey escribió una sólida página en la franquicia de Nueva York.
Derek fue un jugador consistente. Bateaba y lanzaba a la derecha, su posición fue el campo corto y portaba el número dos en los dorsales, siendo el último yanqui en usar en su uniforme un solo dígito. Militó durante toda su carrera de veinte años (1995-2014) con una sola novena, los Yanquis, donde fue un verdadero líder, llevando durante varios calendarios en sus hombros al equipo. Fue el caudillo y los Yanquis lo nombraron capitán de cuadro, de allí su sobrenombre de “Capitán”.
Derek tiene en sus alforjas muchos trofeos, como Novato del Año, galardón que obtiene por su desempeño en la temporada 1966, y se coronó campeón mundial en cinco ocasiones.
Durante su paso por los diamantes superó al inmortal Lou Gehrig como líder en imparables de los Yanquis, al rebasar los 2,722 que había esparcido en los jardines el “Caballo de Hierro”, récord que había permanecido incólume durante 72 años.
Al retirarse deja como números finales un porcentaje de .310, con 3,465 hits batazos a tierra de nadie; 260 cuadrangulares y 1,311 carreras impulsadas.
En el estadio de los Bombarderos, en la sección “Monument Park” hay una placa de bronce con su rostro, que conmemora sus hazañas con la franela. En el año 2020, con una votación merecida y abrumadora (pero imperfecta por un votante que no lo eligió), es electo para entrar al Salón de la Fama.
Derek Jeter fue un profesional en toda la extensión de la palabra y un ídolo de nuevas generaciones. Su mayor orgullo es: ¡Yanqui por siempre! Para muchos críticos Jeter es el parador corto más completo de todos los tiempos. Aficionado al rey de los deportes: ¿qué opinas? Mérida, septiembre de 2025
