Un atleta calienta durante una sesión de práctica, ayer, en el Estadio Nacional de Japón, de cara al inicio del Mundial de Atletismo Tokio 2025
Un atleta calienta durante una sesión de práctica, ayer, en el Estadio Nacional de Japón, de cara al inicio del Mundial de Atletismo Tokio 2025

El Estadio Nacional de Japón estaba sin público hace cuatro años durante los Juegos Olímpicos de Tokio.

Retrasada por la pandemia, la justa de verano fue cambiada al recinto de 60,000 asientos que costó 1,400 millones de dólares para recibir a los mejores atletas de pista y campo del mundo.

Muchos recuerdan la esterilidad de las ceremonias de apertura y clausura, el silencio mientras el emperador japonés Naruhito se dirigía a miles de asientos vacíos para inaugurar oficialmente los Juegos de la XXXII Olimpiada.

El evento más esperado de los Juegos Olímpicos suele ser la final masculina de 100 metros. Pero solo el silencio y un pequeño grupo de medios acompañaron al ganador Marcel Jacobs —un italiano nacido en Texas— mientras posaba en la línea de meta para celebrar con una bandera italiana extendida sobre sus hombros.

El estadio diseñado por el arquitecto japonés Kengo Kuma, en el centro de Tokio, recibirá la atención que le faltó cuando se inaugure hoy el Mundial de Atletismo de nueve días.

Expectativa

La competencia seguramente animará un recinto con estrellas como el velocista estadounidense Noah Lyles, cuya batalla contra la depresión empañó su viaje a Tokio, y Mondo Duplantis, el poseedor del récord mundial de salto con pértiga.

El estadio ha esperado este tipo de eventos desde que se completó en 2019.

Esta es una buena noticia para los aficionados que esperan experimentar una atmósfera que faltó en 2021.

Pero el enfoque en el estadio volverá a plantear preguntas sobre el gasto del gobierno en un escenario que ha tenido dificultades para encontrar usos después de Tokio 2020. Los Juegos tienen una larga historia de producir elefantes blancos creados con dinero público: Atenas, en 2004; Pekín, en 2008 y Río de Janeiro, en 2016.

Trasfondo

Los planes para un nuevo estadio de Zaha Hadid fueron descartados en 2015 cuando los costos se dispararon a más de 2,000 millones de dólares. Ese estadio tenía un aspecto futurista, algunos lo comparaban con un casco de bicicleta.

Kuma ganó una segunda licitación, diseñando un estadio que se integraba en el paisaje urbano existente con más elementos japoneses, incluyendo madera, jardines y agua corriente.

El nuevo recinto reemplazó al estadio utilizado para los Juegos Olímpicos de 1964, que fue demolido y nunca fue considerado una joya arquitectónica.

Sin embargo, los Juegos del 64 de Tokio sí generaron arquitectura icónica, incluyendo el Estadio Nacional Yoyogi, la joya de esos Juegos Olímpicos y un símbolo del ascenso de Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de un recinto cubierto más pequeño, sede de la natación en los Juegos Olímpicos del 64.

El Estadio Nacional, construido con dinero de los contribuyentes para los Juegos Olímpicos de Tokio, parece ser una pérdida de dinero para los habitantes locales.

Victor Matheson, quien estudia la economía del deporte en el College of the Holy Cross, dijo que un recinto como el Estadio Nacional de Japón tiene muy pocos usos, no tiene un inquilino permanente, gastos continuos de mantenimiento y operación y posibles pagos por servicio de deuda.

“Simplemente no hay tantos eventos que requieran una capacidad de más de 60,000 personas”, señaló a The Associated Press.

“No hay muchos conciertos de música que puedan llenar un estadio de ese tamaño. Y cosas como un Mundial de fútbol o rugby o campeonatos de atletismo solo ocurren rara vez”.

Se informó que el Estadio Nacional genera pérdidas de alrededor de 1,000 millones de yenes al año (cerca de siete millones de dólares) hasta el año fiscal 2024. Desde entonces ha sido privatizado para reducir los gastos del sector público.

Un consorcio privado está gestionando el estadio aunque el gobierno nacional todavía es propietario y cubre algunas de las facturas.

Matheson citó un estudio que mostró que los grandes estadios en Estados Unidos, hogar de equipos de la NFL, típicamente albergaban menos de 10 eventos importantes de entretenimiento o deportes al año fuera de los juegos de la NFL.

“Así que, la mayor parte del tiempo terminas gastando más de 1,000 millones de dólares en una instalación que permanece vacía 350 días al año”, dijo Matheson.

Rusia, fuera

Por otro lado, Sebastian Coe, jefe de World Athletics, manifestó ayer, previo al arranque de la justa mundial, que la organización se mantiene firme en su posición de que los atletas rusos no podrán competir en los campeonatos mundiales y otros grandes eventos hasta que se alcance un acuerdo de paz en su guerra en Ucrania.— AP

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