• Los hijos de Fernando Robleño cortan la coleta al matador, al retirarse de la profesión después de una prolífica trayectoria
  • Florencio Fernández “Florito”, que fue torero, resultó ser un brillante mayoral de la Plaza de Las Ventas de Madrid. Elegante siempre, y tan profesional como todos los que deciden hacer algo en el toreo

Amigos aficionados…

Como a prácticamente todo el mundo taurino, el retiro de Morante de la Puebla nos tomó desprevenidos. La gesta del domingo, en el Día de la Hispanidad en la Plaza de Las Ventas de Madrid la seguimos percibiendo con un estado como de shock: primero recibió soberana paliza en una voltereta, luego cortó dos orejas para ganarse una salida en hombros con todas las de la ley y, súbitamente se fue al ruedo a desprenderse la coleta. Vestido de malva, el color favorito de Antoñete, torero al que él homenajeó ese día, cimbró al mundo taurino con su decisión.

Sacudió tanto, que muchos olvidaron que en esa corrida dominical del 12 de octubre había detalles que estaban señalados con asteriscos.

Porque si algo hay que señalar de ese festejo en Madrid, se retiraron Fernando Robleño, un diestro de mucha épica torera, y Florencio Fernández “Florito”, famoso mayoral de Las Ventas.

Merecían irse por la Puerta Grande, sin duda.

Especialista

Robleño, torero de Madrid, se especializó en lidiar toros duros, y pude verle dos veces en San Isidro enfrentándose a encierros de José Escolar. Esos astados son verdaderos demonios con cuerno, con juego irregular y generalmente armados que con solo verles, espantan.

Una proeza tenerle tantos años anunciado con los de Escolar, otras veces con los de Adofo Martín, con los Victorinos y también de Miura. Su rostro se hizo de gente grande por el desgaste de torear a esos animales.

Y “Florito” fue por 39 años el encargado de sacar a la parada de bueyes para retirar a los toros que eran devueltos a los corrales. Todo un espectáculo verle en esa función. Le saludé una vez en un sorteo. Todos querían una foto con él. Pero como se retiró Morante el mismo día, nadie se acordó de sacarlos en hombros.— Gaspar Silveira Malaver

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