Durante el paso arrollador de l os Dodgers de Los Ángeles este octubre para obtener el banderín de la Liga Nacional, los vigentes campeones de la Serie Mundial se han transformado en exactamente en lo que muchos temían que se convertirían.
Los Dodgers tienen récord de 9-1 en la actual postemporada, y han sido imparables: un pitcheo abridor impecable y una alineación profunda y resiliente que produce hits clave y momentos electrizantes. Barrieron a los Cerveceros de Milwaukee en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, sellada el viernes por la noche, destacándose una actuación icónica de tres jonrones y 10 ponches de Shohei Ohtani, la superestrella japonesa firmada con un contrato de 700 millones de dólares.
El año pasado, los Dodgers vencieron a los Yanquis para ganarlo todo, y ahora vuelven a la Serie Mundial, que inicia el viernes. Tendrán la oportunidad de convertirse en los primeros campeones consecutivos de las Grandes Ligas en un cuarto de siglo. Acuden al Clásico de Otoño por quinta ocasión en nueve temporadas, con 13 apariciones consecutivas en los playoffs.
Para los detractores, es malo para el béisbol tener un equipo tan exitoso. El voraz gasto de los Dodgers podría fracturar irreparablemente el equilibrio competitivo en MLB, e incluso podrían perjudicar a los Dodgers al proporcionar combustible a los propietarios que quieran imponer un tope salarial en las próximas negociaciones laborales.
Los jugadores y entrenadores de los Dodgers —y los más de cuatro millones de fanáticos que han llenado el Dodger Stadium durante toda la temporada— no tenían absolutamente ningún interés en preocuparse por lo que su éxito significa para otras personas mientras celebraban otra noche inolvidable.
