Con motivo de un desayuno donde el tema fue el béisbol, tuve la grata compañía de Plinio Escalante Bolio, quien desde temprana edad fue catalogado como un enamorado de este deporte.
Le conocí desde muy joven dirigiendo equipos en el Estadio “Salvador Alvarado”, a la par con su hermano Alejandro. Años después, en su afán de que nuestro querido estado, Yucatán, tuviera presencia a nivel nacional en el seno de la Liga Mexicana, tocamos puertas de capitalistas que se pudieran interesar en el proyecto. Infructuosamente, uno de ellos nos dio una lección de algo muy cierto: “Jóvenes, admiro su entusiasmo y es cierto que me gusta el béisbol, pero más me gusta mi dinero”.
Él, al fin y al cabo, lo logra de la mano de Arturo Ponce Alcalá, en ese entonces director de la Cervecería Yucateca, propietaria del Parque Carta Clara, una joya de campo en esos días, que abre sus puertas para albergar el debut de los Leones en la Liga Mexicana el 17 de abril de 1954, cuando se impusieron a los Tecolotes de Nuevo Laredo, 8-0. El autor de la blanqueada fue el yucateco José “Indio” Peraza. Los Leones terminaron esa campaña en segundo lugar, a ocho juegos y medio del líder, que fueron sus padrinos de bautizo.
De esa campaña lejana de 1954, recordamos el aporte ofensivo de Zacarís Auais, de casa; Óscar Garmendía, Ángel “Cuco” Toledo, Jessie Douglas y Ramiro “Cuquito” Vázquez, y picheando, Peraza, Ernesto “Chico” Morrillas y Gilberto “Borrao” Garza. Garmendía inició como mánager y Mario Collazo fue su reemplazo.
Ese fue el inicio. Plinio, jovencito entonces, ya estaba siguiendo la pelota, y luego entró con todo para que el béisbol y los Leones regresen y se queden. Los amigos del café, y los aficionados, no tienen duda alguna de que él es el responsable de que mantengamos esta pasión, siguiendo a los Leones. Él, como presidente y gestor de los melenudos, y luego como presidente de la Mexicana, que le ha reconocido su esfuerzo. Recordar es volver a vivir. Y reconocer, más. Mérida, enero de 2026
