Amigos aficionados…

Los milagros existen y si no, la experiencia vivida por el joven diestro Cristian Pérez en la plaza más importante del mundo del toreo, ofrece una explicación.

Se pregunta, el doctor Fernando Núñez Zapata: ¿cómo es que no le metió el cuerno al tórax? Dios así lo quiso. No hay otra explicación a este suceso, parte de otro milagro en un Domingo de Ramos.

Pérez vivía la tarde de confirmación de alternativa y le iba bien, pues con el de la ceremonia dio una vuelta al ruedo muy justificada. Pero si algo tienen los toros de Dolores Aguirre es peligro. Aparatosos en cornamenta, con verles, impresionan.

La tarde de este Domingo de Ramos salieron seis toros que parecían verdugos en busca de culpables. El primero le avisó, pegándole una voltereta, aunque le cuajó una faena interesante. El sexto lo tenía cuadrado, dentro de lo que el duro animal, le permitía. Pero de pronto prendió al torero por el derecho de manera violenta, impresionante, y lo que se vivió fue lleno de drama. Tal vez sea todo más fuerte desde fuera, con las repeticiones que la tecnología nos permite, que al momento, estando en la arena. Y lo que se ve es de verdad dantesco. Primero, la caída, que por lo aparatosa pudo haber liquidado a cualquiera. Luego los derrotes. Increíble todo, porque pudo cornearle de frente, en el pecho o en la cara, y luego por la espalda, ya que el pitón entró en la casaquilla, y no sabemos cómo es que no le perforó. Bueno… volvemos al principio: los milagros existen y el Señor le envió un capotazo celestial.

Muchos toreros, desde las épocas más antiguas, no tuvieron esa fortuna que Pérez, que es buen torero, sí tuvo.

Se viene a la mente el caso de Emilio de Justo, en su encerrona en el Domingo de Ramos de 2022 en Las Ventas de Madrid. Allá no hubo cornada: la voltereta fue espeluznante, y casi lo deja parapléjico: fractura, al caer sobre su cuello, las vértebras cervicales C1 y C2. Otro drama increíble del toreo.

Tuve la oportunidad de platicar por teléfono con Emilio cuando vino a torear a México. En la charla, a ratos decía que “fue obra de Dios”. No queda duda de eso.

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