Amigos aficionados…
Sacando unos apuntes de años pasados, nos topamos con unas opiniones tomadas en el Hotel Presidente, en Ciudad de México. Fue el 12 de diciembre de 2017, en que, personalmente, comenzaba a vivir cambios drásticos de vida, como si fuera obrando milagros.
Morante de la Puebla acababa de torear la Corrida Guadalupana en la Plaza México y en la romería bárbara posterior al famoso festejo (de lo que más extrañamos los taurinos), pudimos tomarnos fotos con él y hacerle alguna pregunta. Acababa de volver de uno de sus retiros, como ahora, que está en la cresta de la luna tras un retorno que fue casi inmediato a su fugaz despedida.
¿Por qué vuelven los toreros?, como reza el título del libro de Conchita Cintrón, la famosa “diosa rubia del toreo”, publicado en 1977 en México.
No habló José Antonio Morante por los demás, pero dejó claro, por sí mismo, lo que, entonces, le había hecho regresa: “Vuelvo por una obligación moral, una obligación conmigo mismo”.
Después de ver su triunfo en el Domingo de Resurrección en la Maestranza de Sevilla, y su gran estado de ánimo, no cabe duda que ahora está en la misma circunstancia que en ese 2017, en una obligación moral consigo mismo.
Debo aceptar que soy de los que se enfadaron en que haya anunciado su retorno en Sevilla, tras la fiesta de despedida en Madrid. Pero no tenemos duda de que el toreo hoy en día necesita a Morante. Pero también Morante necesita del toreo. Gaspar Silveira Malaver
