Borja Jiménez, durante el festejo que malogró ayer en Las Ventas
Borja Jiménez, durante el festejo que malogró ayer en Las Ventas

El sevillano Borja Jiménez, que hizo el gesto de actuar en solitario en Las Ventas, saldó su gran esfuerzo sin apenas resultados ni en lo artístico ni en la estadística de trofeos, pues, por desaciertos técnicos o fallos con la espada, no llegó a aprovechar las claras opciones de triunfo que le ofrecieron hasta cuatro toros en una corrida de caótico desarrollo.

Anunciados en principio ejemplares de dos hierros, tres de Toros de Cortés y otros tantos de Domingo Hernández, hasta tres fueron devueltos a los corrales, bien por su escasez de fuerzas o por el intento de las cuadrillas en que besaran la arena, para hacer así que se lidiaran tres sobreros de dos divisas más, con los que se conformó una confusa amalgama en la que, pese a todo, lucieron las embestidas de la mayoría, ya fueran titulares o sustitutos.

Con esa evidente suerte, Jiménez encaró la lidia del sexteto con aparente decisión —saludó incluso a tres de ellos a portagayola—. pero también con tanta presión que pocas veces acertó a aplicar los planteamientos técnicos y éticos adecuados a cada uno de esos cuatro ejemplares que le pusieron en bandeja los trofeos que hubiera pedido sin reparos el público que volvió a llenar la plaza hasta las banderas.

Toro a toro, el diestro de Espartinas no pasó de mover sin mayor compromiso las buenas inercias de un bonito primero de Domingo Hernández que, inexplicablemente, se echó en el ruedo mediada la faena.

El sobrero segundo, de Victoriano del Río, fue el más desrazado de la corrida, defendiendo su falta de fuerzas con una brusquedad que aumentó con los no menos bruscos “toques” de fijación de Jiménez, que tuvo que ver cómo también era devuelto a los corrales el tercero para que saliera otro de Domingo Hernández, medido de fuerzas y de clara nobleza, al que trató con las mismas exigencias y sin el pulso que pedía, haciendo que perdiera las manos en demasiadas ocasiones.

La tarde entró en un profundo bache que vino a remontar el excelente ejemplar de Toros de Cortés que salió en cuarto lugar. La movilidad y la emoción del toro fueron las que pusieron la salsa de un trasteo que por eso mismo caldeó a los tendidos hasta el punto de acabar pidiéndole un trofeo que la presidencia se negó a conceder.

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