No hay duda de que podría quedarse universalmente en segundo lugar el famoso “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata”.

Los argentinos se están encargando de ello. Solitos, sin que nadie los fuerce.

Se acabó la Copa del Mundo y en los últimos post que se ven sobre el tema domina la repetición, una y otra vez, del triste final de los jugadores de la Albiceleste. Frustrados, se fueron a los empujones, jaloneadas y trompadas con los españoles, que les ganaron limpiamente (eso vimos), con fútbol y un gol, uno nada más.

Los argentinos endiosaron a su selección y se vale (nosotros, hicimos con el Tri lo mismo), pero era imposible ganar como jugaron, renunciaron al ataque. Querían llegar a los penaltis. Rácana la apuesta de los de Scaloni en el momento más importante de la competición.

Esto dicen las cifras oficiales, según los reportes: España registró 20 remates totales (contando con 12 disparos a puerta), mientras que Argentina apenas contabilizó dos tiros en todo el partido y no registró ni un solo tiro entre los tres palos en los 120 minutos, los reglamentarios y los de prórroga.

Entonces, ¿qué lloran? ¿por qué esa reacción violenta? Si no jugaron con merecimiento para ganar.

Es ley de vida, no solo de deporte, que se gana y se pierde, y les tocó perder. Es ley que gana el que más se esfuerza, el que busca, propone. Tal vez lloran porque les tocó perder derecho en algo que creyeron ganar desde antes del primer silbatazo, simplemente porque eran la selección de Argentina, la que tuvo todo, a la que, aunque a muchos les cause molestia, les favorecieron. Si se hubiera jugado derecho, Messi no habría anotado tantos goles porque debió ser suspendido por aquella que es la recordada como la “falta del Mundial”, como aquel celebérrimo asunto la de Maradona fue “la mano de Dios” en 1986. Los árbitros, con Infantino y el poder de la FIFA, se la perdonaron.

Nos pareció que quedaron como los niños malcriados que, al no salirse con la suya, hacen un berrinche para mostrar a papá y a mamá que ellos son ellos y siempre estarán esperando el regalo. Miren que darle la espalda al campeón durante la ceremonia… ¡Por favor!

Fue triste la despedida de los argentinos de este Mundial. Y justo llegó este partido definitorio luego de aquella odisea de final feliz eliminando a Inglaterra en semifinales. Malos perdedores, dejaron lágrimas en el césped, como si fuera el más triste de los tangos, tantas como los recuerdos que vendrán sobre ellos: por el papelón, por perder y por golpear, y no por el fútbol que queríamos ver.

Cuando niño, nos decían los maestros de deportes: hay que aceptar cuando pierdes. ¿Duele perder? ¡Ah!, pero por supuesto que duele. Pero es lo más grande: saber perder. Mérida, julio de 2026

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