Los matadores pudieron más que el diluvio que cayó sobre la Plaza de Las Ventas de Madrid, antes y durante la primera corrida de la Feria de Otoño 2026.

Eran las 18:24 cuando el cielo de Madrid crujió por la mitad para dar inicio a un diluvio apocalíptico que obligó a parar la corrida y dejó el ruedo de Las Ventas como si de una piscina se tratara.

El sol caliente de las cinco y media de la tarde se escondió a la hora del paseíllo y unos nubarrones negros asomaron por el horizonte de Toledo. Pero nadie les hizo caso porque en el ruedo había un torero ilusionante.

Es verdad que Diego Urdiales goza de alto predicamento en esta plaza; tanto es así que el público le obligó a saludar desde el tercio cuando se rompió el paseíllo en recuerdo de su Puerta Grande de San Isidro. Y Urdiales respondió al afecto con lo que sabe hacer, que es torear muy bien.

El riojano hizo de arcoíris frente a una corrida de Alcurrucén que siempre tuvo buena intención de embestir aunque el resultado —por su fondo— fuera desigual. Saludó ovaciones en cada toro. La disposición de Jiménez Fortes y Christian Parejo, ambos ovacionados con su primer enemigo, fue altamente notable en esta tarde en que, ya estar en el ruedo en esas condiciones, era una proeza para el humano y para el toreo en sí.— Mundotoro.com y El País

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