Y de pronto los Medias Blancas de Chicago se quedaron sin la mística de sus primeros cuatro juegos de esta postemporada. Ahora necesitarán mucho más que las bendiciones del papa León XIV para seguir adelante.
El pitcheo de los patipálidos volvió a desplomarse y su bateo respondió poco a la hora buena, todo eso bien aprovechado por los renacidos Guardianes, que ganaron 9-5 y forzaron el regreso de la Serie Divisional de la Liga Americana a Cleveland. El béisbol les cerró las puertas a los Medias Blancas y lo que parecía un mero trámite para un equipo que llevaba cuatro victorias seguidas en la postemporada, todas jugando en gira, se convirtió en una pesadilla. Los Medias Blancas extendieron a uno más su racha de 122 años sin poder ganar una serie de playoff en casa, algo que no cualquiera vive, ni tampoco soporta.
El juego fue atribulado desde temprano. Y Cleveland fue guiado por su hombre fuerte de los últimos años, José Ramírez, quien bateó par de hits, uno de ellos jonrón de dos carreras, y terminó con tres impulsadas. Los Guardianes, jugando partido de vida o muerte, se vieron abajo dos veces y remontaron. La segunda, con un racimo grande de seis carreras en la sexta, que les dio ventaja que no perderían. En dos entradas, el pitcheo local aceptó los nueve registros y eso ya no fue posible de remontar. El lleno a reventar en el Rate Field había celebrado en grande la delantera 4-3 en la quinta. Pero luego guardó silencio casi sepulcral.
