La Corrida de la Hispanidad reventó la taquilla desde el anuncio del regreso de Morante de la Puebla, 365 días después de que armó la grande quitándose el añadido para anunciar súbitamente su retiro de los ruedos en el centro de la arena de Las Ventas de Madrid.
Morante, está visto, puede irse cuando quiera y volver cuando quiera, que tirios y troyanos le van a ver con locura porque, un chispazo, o doce naturales, como contaron los suyos este lunes, enloquecen.
Se fue sin trofeos Morante de este nuevo “no hay billetes” que logró su sola presencia, en una tarde en la que, ciertamente, hubo muchos detalles de buen toreo, del sevillano, del cofirmante Aarón Palacio y del mexicano Héctor Gutiérrez, quien se ganó su lugar en este cartel de máxima expectación luego de resultar triunfador de la Copa Chenel, un certamen de varias tardes en que el de Aguascalientes gustó.
El apunte de mundotoro.com lo señala de entrada: “Y a su vuelta no faltaron los que subirían al cielo con Morante ni los que bajarían al infierno por él. Un ambiente de psicoanálisis con más revuelo entre tendidos que atención al ruedo. Una docena de naturales de Morante de la Puebla frente al invierno de Las Ventas que no echó cuentas al buen toreo de Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio en su confirmación con un toro de Garcigrande que puso la categoría de bravura en la tarde.
Hay gente que no lo ve, porque no saben; otros que pueden, pero deciden que no y luego están los que no quieren directamente”.
Morante hace algo y las plazas explotan. A Héctor quizá eso le faltó: hacer que la gente rugiera con él. ¿Y cómo es eso? Pues llegándoles a los aficionados.
Por lo hecho en sus dos faenas, el mérito se ve de grande en una cita especial. Y no es solamente que la gente no lo haya querido ver, como apuntaron muchos, sino que él no pudo mostrar la transmisión. Su toreo al natural fue muy sólido, igual con la derecha. Pero a Madrid, dicen, uno va a morirse, o al menos a dejar claro que tiene esas intenciones, a mostrarle al público eso precisamente.



