Amigos aficionados…
Se han escrito decenas de historias sobre la reaparición de Morante de la Puebla en Madrid en la Corrida de la Hispanidad. Lo que queda claro, esté o no escrito, es que a toreros como el sevillano, que es la gran figura de estos tiempos, el toro le tiene que ir a modo. Sí o sí.
Y a los aficionados, o los que dicen ser buenos aficionados, eso no les gusta porque, afirman, al espectáculo le roba emociones. Le protestaron mucho la comodidad, es decir, falta de bravura o fiereza, de sus toros de los hierros de Garcigrande y Cuvillo. Desde el tendido 7, que siempre es hostil por todo, comenzó la queja y se hizo ruidosa.
La protesta se debió en gran parte a que, un día antes, Antonio Ferrera y Román se echaron a hombros la lidia de toros de Adolfo Martín y los cárdenos de ese hierro generalmente propician lo que las corridas cómodas no: emociones, suspenso, drama.
Escribieron en “El País”: “Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. La corrida de hoy (lunes, con Morante) parecía un juego de niños con el recuerdo aún presente de los fieros ejemplares de Adolfo Martín del domingo. Una caricatura del toro bravo por su presentación, por su juego en todos los tercios y por su falta de nervio, pujanza, casta y, en definitiva, de bravura y de emoción. El toro de Garcigrande y Núñez del Cuvillo está seleccionado y criado para que disfruten los toreros, y para que, por lo general, sufra el que está sentado en el tendido; y que sufra por el cansancio que produce el aburrimiento”.
Y lo que se dice siempre: el toro manda, da las emociones, pone a sudar al torero, deja en suspenso al aficionado. En una palabra: ¡Bravura! No que acaben con los toreros. Solo que perdure la esencia de la Fiesta.Gaspar Silveira Malaver
