No des la espalda al mundo

Monserrat Cámara Santos (*)

A diferencia de una carta a Santa Claus, pensar en los propósitos de 2018 se vuelve más emocionante o al menos, trascendental, con la edad: uno advierte la importancia de renovarse, adquiere la preocupación de hacer ejercicio y comer más saludable, se decide a despedir un vicio o relación fallida…

El año nuevo es igual a renacer pero con un camino recorrido, con una maleta llena de experiencias y hasta varias manos conocidas para andar en la oscuridad o no deslumbrarse con tanta luz (dependiendo de la época en tu vida). Es decir, más que empezar desde cero y hacer un nuevo libro de nuestras vidas, en realidad sólo hacemos el siguiente capítulo.

Sí, no siempre decimos adiós a las viejas andadas, lugares, personas, hábitos y sueños. Y está bien, no es necesario ni sano para la mayoría e incluso, de cierta forma imposible olvidar todo, todos y todas.

2017 fue terrible para más del 50% de personas que me rodean y, sorprendentemente, ello también es así para las personas que rodean a quienes me rodean —así de complicado, así de coincidente—.

Sin embargo, viendo el año desde otra perspectiva, 2017 puede ser constructivo y motivador: no por los corazones y dietas rotos de siempre sino por la escalada de violencia y odio, así como la contrastante, unión y protesta de las sociedades.

Leímos, vimos y escuchamos los casos de feminicidio o acoso sexual, las sádicas muertes y amenazas a periodistas, el incremento de la pobreza y los costos de todo lo que puedas voltear a ver —desde el maíz hasta la gasolina—, las leyes y decisiones judiciales que esperábamos sean una negra broma del día de los santos inocentes, o bien las voces de nuestros gobiernos que cuando hablan —más oficialmente en Twitter, claro—, no sabe uno si reírse o llorar…los 365 días se vieron manchados de sangre, de corrupción, de tristeza, de impunidad.

Sin embargo, ese año también se sintió urgente: por detener lo atroz, por gritar lo oculto, por tener esperanza de cambiar. Quizás como muchos otros años se armaron movimientos, utilizamos hashtags, la política ocupó nuevas caras, ganó la justicia algunos casos…toda vez, cada una de estas cosas, personas e ideas se vio empapada de un hartazgo diferente. De pronto lo peor de los 365 días podía pintarse con otros colores y permitir dibujar una solución.

Una vez una mujer escribió que la vida es un soplo de libertad. Ciertamente, nada lo tenemos cantado ni la expectativa puede prever todo escenario. Nuestras horas se hallan contadas como solo el reloj lo sabe y el cielo —sin ánimos de aludir a ningún dios— es el único testigo eterno de lo que cada soplo será. En suma, aquellas y aquellos vivos somos los que dictaremos la palabra de nuestros pasos del siguiente minuto, hora, día, semana y año.

Lo anterior no es más ni menos que una responsabilidad privilegiada. La libertad que nos caracteriza como personas es sinónimo de un compromiso con lo, las y los demás en un tiempo y lugares indeterminados y posiblemente efímeros. Nos recuerda que nuestras acciones, queramos o no, impactan en nuestro alrededor.

Por ello, les tengo un reto:

Si 2017 nos enseñó que no estamos solas quienes hemos sido víctimas de la violencia, sobre todo sexual.

Si nos recordó que la intolerancia y el odio entre religiones e ideologías aún mata.

Si nos demostró que la indiferencia política y la desinformación como su consecuencia directa son las que han provocado que gobiernen títeres y naranjas.

Si nos advirtió que aún faltaban 43 estudiantes, que en México existen 7 alertas de género y 99.6% de impunidad en la investigación de delitos contra periodistas.

Si nos sorprendió con destellos victoriosos para pueblos indígenas y la comunidad LGBTTTI.

Si nos hizo darnos cuenta que la vida es más que tener una anécdota de fin de semana, un anillo en el dedo, un auto último modelo…

Quizás es momento de volvernos aliados y aliadas de causas que de una u otra forma nos hacen seres humanos mejores viviendo una vida mejor.

2017 se fue pero no tenemos porqué borrar todo lo hecho y dicho. De aquí, ve adelante: ocúpate de tu alrededor con la misma emoción que de ti (¡y viceversa!); realiza planes que no tengan caducidad; date la oportunidad de cambiar en tu momento ideal; no des la espalda a un mundo que se cae a pedazos y ayuda a repararlo en la medida que tu mente, tu cuerpo y tu corazón permitan. Haz que tu vida no sólo sea un soplo de libertad, sino también de amor y felicidad. Querido 2018…Tú también nos vas a querer. ¡Feliz Año Nuevo!— Mérida, Yucatán.

Estudiante de Derecho

 

El año nuevo es igual a renacer pero con un camino recorrido, con una maleta llena de experiencias y hasta varias manos conocidas para andar en la oscuridad o no deslumbrarse con tanta luz