Políticos que no ven

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Los políticos les han fallado a millones de familias, al pueblo en general. No han cumplido sus promesas, compromisos y programas de trabajo al llegar al puesto anhelado. Olvidan los intereses del electorado y sus acciones dejan mucho qué desear.

El poder trastoca promesas y perfiles. Ver a un político en campaña no es igual que su actuación al estar en el Congreso, en la alcaldía, en la gubernatura o en la presidencia. Hay una metamorfosis en el personaje que acaba con la confianza, esperanzas y anhelos de los ciudadanos.

¿A quién creerle si la mayoría ha hecho trizas la confianza y los sueños de cambio de millones de familias? ¿A quién creerle si los discursos y las palabras se convierten en frágiles hojas ante los huracanes de demagogia? ¿A quién creerle si aquél o aquélla que dijo servir y trabajar con honradez se llenó las alforjas del dinero de las arcas públicas y no cumplió la responsabilidad adquirida?

De aquí la desconfianza de los ciudadanos en los funcionarios, las instituciones, los legisladores, jueces, policías y demás servidores públicos. Muy pocas personas, quizá ninguna, pondría al fuego la mano izquierda o derecha, o un dedo, bueno ni una uña por el diputado de su distrito, por el senador, el gobernante o quienes procuran la justicia.

La mayoría de la gente desconfía de los políticos. Con tantas promesas en los discursos como candidatos, ya los presidentes, gobernadores y presidentes municipales hubieran terminado con la pobreza en general, tendríamos empleos, educación de calidad, economía fuerte, producción en el campo, fortaleza petrolera, justicia pronta y expedita, y números negros en las arcas públicas.

La voracidad de esos depredadores del erario no tiene fin. La riqueza la transforman como el rey Midas, pero a la inversa. Acabaron con el henequén, con la productividad en el campo, ahora sigue el petróleo.

Este 2018 es un año de fin de sexenio y electoral, pero también de incertidumbres, sombrío, de desconfianzas. El alza de precios en los alimentos, la gasolina que sube y sube, la inseguridad en los ciudadanos, la violencia, la corrupción y la impunidad nos martillan a diario y nos dejan frágiles, preocupados, tensos.

Los bolsillos están de cabeza.

A diario millones de familias hacen malabares para estirar el gasto familiar. Ante el alza, muchos alimentos se suprimen de las mesas y la recreación es casi un lujo. Tendremos así más niños y adolescentes desnutridos, enfermos y encerrados en un mundo de necesidades.

Y la corrupción no tiene fin. Tanto dinero perdido en programas fallidos, en los lujos y derroches de legisladores y gobernadores, en el saqueo de muchas autoridades nos hacen un país de pobres y con un fin de necesidades. Pero la culpa no es nuestra, ¿o sí?

Ante esa corrupción galopante y la impunidad que la protege, unos ven un país “de cabeza”, sin estabilidad ni dirección. La Coparmex así lo señala: la ineficiencia en las instituciones y la corrupción tienen a México “de cabeza”. Y al igual que esta organización empresarial, millones de familias ven un panorama sombrío, un futuro incierto, si siguen las autoridades las mismas prácticas viciosas y los programas paliativos.

Y así se atreve el precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña, a decir que terminará con la pobreza, pues si gana nadie que nazca en su administración crecerá en la pobreza extrema. Además, reconoce que la corrupción e impunidad le hacen daño al país, pero muchos políticos, como él, que prometieron lo mismo, nos dejaron en esta situación de incertidumbre y necesidades.

Los bolsillos de millones de familias están “de cabeza”, vacíos. ¿Qué hacer ante las gasolinas que no tienen tope y los precios de los alimentos? Los políticos no ven esta realidad, y no porque ahora el presidente Enrique Peña Nieto tenga alguna enfermedad en los ojos, así como el secretario de Hacienda y otros funcionarios.

Es natural en ellos no ver las necesidades de las familias, pero sí provocarlas con sus abusos.

Tal vez tenemos algo o mucho de culpa por solaparlos, elegirlos y arrepentirnos cada sexenio. Hay que levantar la cabeza y mirar mejor, no como los políticos que ignoran la realidad, pero tantean y vacían las arcas públicas.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor