Respuestas
Felipe Moreira (*)
—Pepito, dime rápidamente cuánto es 2 + 2.
—Pues 5, maestra.
—No Pepito, estás mal, el resultado correcto es 4.
—Bueno maestra, usted pidió rapidez, no exactitud.
Bueno, si pensabas que nuestras decisiones y respuestas no tienen influencia de las emociones, este chiste es un pequeño reflejo de lo que pasa en las empresas.
¿Cuántas veces te ha preguntado tu jefe, o tú has hecho una pregunta esperando una respuesta rápida? ¿Has contestado rápidamente lo primero que se te viene a la cabeza y, al terminar de hablar, te das cuenta de que no era la mejor respuesta?
Para ir más allá, les voy a platicar un evento que tuve con un proveedor que no me había entregado a tiempo y yo tenía una fecha de entrega apretada. Después de analizar la situación, consideré que el retraso merecía una penalización económica, o cancelaría el pedido.
Incluso había definido qué palabras iba a utilizar y cómo se lo iba a decir. Cuando me llamó para decirme que mi pedido estaba en camino, mi respuesta fue: OK, gracias, aquí la esperamos con gusto.
De acuerdo con la neurociencia, nuestro cerebro recibe información a través de los sentidos y, durante los primeros seis segundos, el neocórtex, responsable por el razonamiento lógico matemático, aún no logra analizar la información recibida.
En otras palabras, si respondemos a un estímulo en menos de seis segundos, el estímulo será meramente emocional. Sea correcta o equivocada la respuesta, no tendrá un fundamento lógico. Así, Pepito contestó cinco y yo le agradecí a mi proveedor que me entregara el producto sin hacerle efectiva ninguna penalización.
La respuesta inmediata está influida por dos factores, entre otros:
Primero por un mapa mental. La mente está programada para reaccionar de manera similar a situaciones similares y, mientras cumpla el resultado esperado, seguirá reaccionando de la misma manera hasta que se percate que el resultado deja de ser el deseado. Si nosotros hiciéramos un juicio completo para dar una respuesta o tomar una decisión, probablemente nos tomaría horas responder a un estímulo.
Como el cerebro es un poco perezoso, prefiere aprender respuestas inmediatas para estímulos repetitivos. Por ejemplo, cuando vas manejando y alguien atrás de ti hace sonar su claxon sin aparente motivo, puedes enojarte de modo automático.
A veces tu cerebro percibe situaciones que tienen pequeñas diferencias entre ellas y acostumbra contestar de la misma forma en ambas situaciones, de manera que no sabe reconocer cuando el claxon es para reclamarte o alertarte.
Segundo, tu estado de ánimo. Si tuviste una discusión con tu esposa en casa y llegas a la oficina enojado, probablemente cualquier pregunta o comentario que te hagan te hará enojar más, hasta que encuentras alguien con quién desquitarte o desahogarte. También funciona en el otro sentido, cuando tuviste un día difícil y tus hijos quieren jugar contigo, puedes llegar a regañarlos, sentir que la propuesta es absurda y ridícula. Pero qué tal cuando estás enamorado, todo es maravilloso, los carros hacen sonar el claxon y amablemente los dejas pasar.
Cinco hábitos para mejorar tus reacciones emocionales y las decisiones:
1. Toma conciencia. A través de prácticas de actividades frecuentes de mindfulness, como la meditación o actividades espirituales como la oración, puedes crear una autoconciencia emocional que te permita entender los motivos que te llevan a reaccionar de una u otra manera.
2. Practica emociones renovadoras. Las emociones y actitudes tales como cariño, valor, tolerancia y aprecio crean neuroquímicos que regeneran tu sistema y compensan las pérdidas de energía causada por las emociones agotadoras y el estrés. De esta forma podrás mantener una actitud o estado emocional positivo y enfrentar las situaciones con mayor creatividad.
3. Cambia la postura física. De acuerdo con Amy Cuddy en su libro “el poder de la presencia”, hay una relación directa entre la posición de tu cuerpo y las emociones. Cuando tú te sientes seguro de ti mismo, tu cuerpo se presenta de una manera totalmente diferente a cuando te sientes triste o inseguro. Si tu cuerpo toma una postura de seguridad durante más de dos minutos, tu cerebro interpreta la posición y “crea” la emoción, liberando químicos que aumentan tu seguridad y autoestima” de manera automática.
4. Experimenta y practica. Experimenta teniendo reacciones diferentes, incluyendo algunas que sorprendan a los demás. Y aquellas que te funcionen mejor que las anteriores, practícalas hasta que se hagan un hábito y cambies tu mapa mental.
5. Ejercicio frecuente. Al hacerlo, tu cuerpo generará y liberará químicos necesarios para generar emociones renovadoras y para contrarrestar los efectos del cortisol, hormona del estrés. “Ejercicio frecuente” no significa “cross fit diario”. Caminar a paso firme, tres veces por semana, podría cumplir el objetivo. Una decisión de 6 segundos puede cambiar totalmente el rumbo de tu vida, lo difícil es saber cuál es esa decisión, mientras mejor manejes tus emociones, mejor será tu decisión.— Mérida
@fgkatm
Mentor en transformación personal, consultor senior de Uniflexpro, heartMath certified trainer, EQ-i 2.0 certified coach
Si respondemos a un estímulo en menos de seis segundos, el estímulo será meramente emocional
