Aniversario 76 (1942-2018)
Manuel J. Zavala Gómez (*)
El 24 de enero pasado se cumplieron 76 años de la inauguración del Pórtico sur del Parque Zoológico del Centenario, pero la antigüedad de este “tesoro patrimonial pétreo” data del año de 1720.
Nos referimos a la entrada ubicada sobre la calle 65 poniente, cruzamiento con calles 84 y 86 del referido centro de recreo, antiguo zaguán de piedra que originalmente adornó la entrada del segundo local que ocupó el rastro o matadero meridano.
El aumento constante del abasto de carnes de Mérida, así como la insuficiencia y el estado antihigiénico del matadero existente en el predio municipal del norte de la plaza mayor, ameritaron que un Ayuntamiento colonial tomara cartas en el asunto y promoviera su cambio a otro localizado en el cruce de las calles 66 y 67, donde subsistió en uso hasta el año de 1885.
Hacia 1885 el predio fue adquirido por el Ferrocarril Mérida-Calkiní, convirtiéndolo en bodega de su contigua estación durante cerca de 17 años, que una vez absorbida dicha empresa por los Ferrocarriles Unidos de Yucatán lo clausuró cerrando con un muro la entrada, condición que mantuvo hasta 1941.
Teniendo necesidad el Ayuntamiento de los ladrillos vitrificados que tenía la calle 67 y observando el presidente municipal Blas L. Torres aquel vetusto portón colonial que podría ser derribado en cualquier momento por ser propiedad particular, lo solicitó y le fue cedido por la empresa ferrocarrilera para colocar en la entrada que construiría en el sur del Parque del Centenario. La remoción del portal y su colocación en el nuevo sitio le fueron encomendadas al señor Manuel Cirerol Sansores.
Durante los trabajos de desmantelamiento, al desprenderse la gruesa capa de estuco del enmarcado cuadro central del frontis —dice el señor Cirerol— apareció una gran plancha esculpida: era un precioso escudo de la Ciudad de Mérida. Conforme siguió cayendo la gruesa capa de estuco apareció otra gran plancha de piedra con inscripciones, era una lápida conmemorativa que tenía grabada una leyenda. El pórtico del llamado “Matadero Viejo” es un monumento blasonado que aún se conserva del período colonial. En su parte superior remata un espléndido escudo nobiliario de la ciudad de Mérida, finamente cincelado en blanca piedra caliza, adornado con una especie de lambrequines que lo enmarcan graciosamente. Su ejecución artística es más delicada que la de su “hermano mayor” del Portal de Granos que, aunque reviste cierta tosquedad, conserva el encanto de lo arcaico.
Su antigüedad queda claramente consignada en la citada leyenda conmemorativa que lleva esculpida abajo, cuyo texto dice:
REINANDO LA MAJESTAD DEL SEÑOR D. FELIPE V
SIENDO GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL
EN ESTAS PROVINCIAS D. JUAN JOSEPH DE VERTIZ Y ONTAÑON CABALLERO
CABALLERO DE SANTIAGO
SE ACABO ESTA OBRA AL CUIDADO DEL CAPITAN CORAZAS DON
ANTONIO DE LA HELGUERA DEL CASTILLO REGIDOR
PERPETUO Y PROCURADOR GENERAL AÑO DEL SEÑOR
DE 1720.
La reconstrucción del pórtico se terminó el 15 de noviembre de 1941 y fue inaugurado el sábado 24 de enero de 1942, se suprimió la placa conmemorativa de la restauración, cuya plantilla para vaciar el metal ya estaba lista. Como dato complementario del valor patrimonial en su conjunto del pórtico, es de señalar que las puertas que ostenta el zaguán fueron las del Instituto Literario del Estado, fundado por el gobernador general Manuel Cepeda Peraza.
No me queda más que solicitar a la autoridad correspondiente la oportuna restauración de este tesoro que se encuentra en el recién rehabilitado Parque Zoológico del Centenario.
Nota. Las imágenes alusivas al tema del presente artículo pueden ser consultadas en Facebook Mérida de Zavala (https://www.facebook.com/meridafotografiahistorica).— Mérida, Yucatán.
manolito_malor2007@yahoo.com.mx
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Fuentes:
(*) “El escudo de armas de la ciudad de Mérida”.— Juan Francisco Peón Ancona (Fondo editorial Ayuntamiento de Mérida 2004-2007)
(*) El Parque del Centenario.— Junio de 1986 (compilación personal)
Investigador y compilador de información histórica
En los trabajos de desmantelamiento, al desprenderse la gruesa capa de estuco del enmarcado central del frontis, apareció una gran plancha
