Febrero 14
Lisette Olivier (*)
Muy queridos lectores es un placer saludarlos de nuevo para compartirles una breve reflexión sobre el significado que se le ha dado al mes de febrero como el Mes del Amor y la Amistad.
Considero que no deberíamos sólo durante este mes celebrar el amor con regalos materiales y fiestas de San Valentín, sino que deberían celebrarse todos los días del año siendo mejores padres, mejores hermanos, esposos, hijos, amigos y mejores seres humanos en general.
El amor debe vivirse a diario, pues toda la creación es amor; la naturaleza, los amaneceres y atardeceres majestuosos que tenemos la enorme dicha de apreciar día a día. El sólo hecho de despertar y dar gracias por un nuevo día ya es un milagro, un acto de amor.
Cada uno somos portadores de un amor divino que permanece en nuestro interior y que muchos no somos conscientes de que somos uno mismo con este amor, que viene siendo el amor más puro y más sublime que podemos sentir. Cuando descubrimos que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, nos percatamos de todo el poder que invade a nuestro ser y entonces surgen los milagros en nuestra vida.
Por eso en cada momento debemos festejar el gran regalo del amor; no esperar a mañana, sino decir ahora: “Te amo”, al compañero de vida, al hijo, al hermano, al amigo. Porque cuando ya no están nuestros seres queridos en nuestra vida, añoramos tenerlos y demostrarles el amor que sentimos y no fuimos capaces de demostrar cuando estaban con nosotros.
Es por eso que te exhorto, querido lector, a vencer tus temores y prejuicios, que en ocasiones nos paralizan para expresarnos, y transmitir todo el amor que llevamos dentro, y que muchas veces el orgullo nos evita aprender a liberarnos de ataduras que nos aprisionan, no nos permiten amar con plenitud.
Celebra cada día el gran placer de abrazar a los tuyos y llenarte de su amor, sentir la caricia de la brisa del mar, sonreírle al más necesitado.
Cuando caminamos por la calle, nos damos cuenta de que existen tantas personas que no saben sonreír porque son tantos los problemas que vienen cargando por años, que viven consumidos por la tristeza; y cuando les regalas una sonrisa, se olvidan por un momento de sus problemas y llenan su corazón de esperanza.
Puedo decir con seguridad que el amor más grande que podemos experimentar es cuando comprendemos que venimos de un Padre maravilloso que es puro amor y toda verdad; que somos uno mismo con Él; y por este motivo deberíamos aprender a amarnos con gran intensidad y a valorarnos como personas. Somos verdaderamente privilegiados por la posibilidad de sentir en nuestro interior esa fuerza tan poderosa y maravillosa que todos llevamos dentro, y que es el motor principal que nos da la vida y el gozo que son necesarios para vivir en el amor y para el amor.
Con respeto y cariño.— Mérida, Yucatán.
Coach Familiar
En cada momento debemos festejar el gran regalo del amor; no esperar a mañana, sino decir ahora: “Te amo”, a los seres queridos
