El oficio de incordiar

José Rafael Ruz Villamil (*)

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Esta frase conservada en el capítulo 3 del evangelio de Juan —y que quizá sea una de las más densas que se recuerden de Jesús de Nazaret— es parte de la conversación que el Maestro tuviese con Nicodemo, fariseo y magistrado judío que, en su momento, lo defendiera en el Sanedrín y que finalmente y junto con José de Arimatea prepara y sepulta el cuerpo del Galileo. Pues bien, Nicodemo busca a Jesús en el fresco de la noche y entabla un diálogo —“Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro…”— que versa sobre el Reino de Dios y la vida nueva que supone, sobre la libertad del Espíritu y sobre el mundo.

El mundo, en el evangelio de Juan, es uno de los temas más recurrentes: no de balde el término kosmos viene mencionado 78 veces de un modo por demás un tanto contradictorio: es, por un lado, la síntesis de lo que se opone a la acción de Dios y, por otro, el espacio privilegiado donde se desarrolla el drama del encuentro/desencuentro de Dios con el hombre. De suyo, el mismo evangelio de Juan recuerda a Jesús refiriéndose continuamente al mundo, aunque las más de las veces en el contexto de su preocupación por generar vida en él; así, Jesús habla de sí como: “… pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo…”, y también: “… el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo…”. Es cierto que el mundo es, también, causa de conflicto para el Galileo, incluso con sus más íntimos: ante el desafío de los hermanos de Jesús para “mostrarse al mundo”, éste responde con amargura: “Todavía no ha llegado mi tiempo, en cambio su tiempo siempre está a mano. El mundo no puede odiarlos; a mí sí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas…”.

Sin embargo, siendo el mundo para el evangelio de Juan no tanto la totalidad de la creación, cuanto el ámbito de la vida de los hombres y del trabajo humano, y capaz de reconocer —o no— a su hacedor, es, por encima de todo, el objeto del amor de Dios, expresado de la manera más intensa pensable y posible con la frase que, iniciando estas líneas, viene a ser una de las más inspiradoras que los Evangelios hayan conservado. En este punto vale subrayar que, en el contexto del evangelio de Juan, creer no es tanto un asentimiento intelectual a la verdad, menos aún la recitación de cualquier fórmula de fe, cuanto la adhesión personal y directa a Jesús de Nazaret de una manera equivalente a lo que la tradición sinóptica entiende como seguimiento o discipulado. Se trata entonces de la experiencia de crisis que el Maestro genera a quien está ante él: aceptación o rechazo que el mismo evangelio traduce como juicio, esto es, como la decisión del hombre ante la presencia de Dios en Jesús que se traduce ora en vida como la posibilidad de acceder a la dimensión trascendente de la existencia, ora en muerte como el aferramiento a permanecer en la materialidad y la superficialidad.

Y es que la vida que el Maestro ofrece al mundo no es otra cosa que la experiencia de igualdad fraterna como reflejo del mismo Dios, más aún, como prolongación en la historia de la relación de Jesús como Hijo y Dios como Padre: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Jesús de Nazaret resulta entonces el don más acabado de Dios al mundo para que éste viva, como bien lo glosa la misma tradición en la primera carta de Juan: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino posee vida eterna en sí mismo”. Con un amor, por cierto, que lejos, muy lejos del sentimiento, exige la praxis: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?”.— Mérida, Yucatán.

ruzvillamil@gmail.com

Presbítero católico

 

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