Estructura del activo

Fernando Ojeda Llanes (*)

En escritos anteriores platiqué sobre la estructura de capital de una empresa que en un Balance General es el lado derecho donde se registran las obligaciones o deudas que obtiene la empresa para aplicar en sus activos; pueden provenir de deudas de corto o largo plazo y del capital contable —patrimonio de los accionistas—.

La estructura del activo está compuesta por los de corto plazo, los permanentes o de largo plazo llamados también activo fijo o no circulantes, y los diferidos. Cuando se trata, por ejemplo, de una empresa industrial, sus inversiones en activos fijos son relevantes porque éstas inversiones le permitirán manufacturar para generar la utilidad de operación y obviamente sus rendimientos.

Cuando una empresa industrial eroga gastos para realizar sus actividades, los registra contablemente en el renglón de gastos de operación, pero las inversiones en activos fijos no las lleva de inmediato a gastos porque se adquieren de carácter permanente y dependiendo de sus años de vida útil llevará la parte proporcional de su uso del período correspondiente al gasto, y para esto utiliza una cuenta que se llama depreciación y su contracuenta o de abono llamada depreciación acumulada.

Cuando era estudiante de contaduría, recuerdo que algunos maestros nos decían que la depreciación es la pérdida de valor que sufre un bien por el transcurso del tiempo; este concepto que trae confusión podría ser válido, pero desde un punto de vista de contabilización en virtud de que la cuenta denominada depreciación acumulada se presenta debajo del activo fijo para ser restada y disminuir el valor para determinar el activo fijo neto.

Financieramente hablando, la depreciación no es la pérdida de valor de la inversión, es en realidad la aplicación a resultados de la parte alícuota o proporcional de una inversión o activo fijo de acuerdo con los años de vida estimada. Por ejemplo, si compramos una maquinaria en un millón de pesos y su vida es de cinco años, la quinta parte ó 20% es de doscientos mil pesos, ésta es la cantidad que se lleva a gastos y en vez de hacer la cancelación directa por este importe, para que la maquinaria quede en ochocientos mil pesos, lo que se hace es registrarla en la ya mencionada cuenta complementaria de activo denominada depreciación acumulada, de tal manera que al ser restada del monto original de la inversión de un millón de pesos, se presenta en el balance general como importe neto la cantidad de ochocientos mil pesos.

Contablemente, aparenta que la maquinaria perdió valor por doscientos mil pesos, pero en realidad hay que tomar en cuenta que el valor comercial de la maquinaria no es la que se encuentra registrada en libros, sino, por ejemplo, al transcurrir un período o un año su valor no precisamente lo determina la operación contable, sino el precio del momento en el mercado y sus condiciones físicas, por lo que el valor de mercado es muy diferente al contable.

Todo esto relativo a los valores comerciales actuales, tiene relevante importancia en la toma de decisiones financieras en las empresas porque puede ser que un determinado equipo ya haya sido depreciado o aplicado a gastos en su totalidad al transcurrir su tiempo de vida y continúe teniendo un determinado valor comercial. Lo que se recomienda es hacer una reevaluación de los activos fijos para registrar sus valores actuales que difieren de los contables. En la actualidad, debido a criterios, quizá no adecuados, se han eliminado las técnicas de registro contable de las reevaluaciones de activos fijos, pero es válido para efectos financieros, aun no registrándolo en contabilidad, anotar en los estados financieros los valores reales actuales de las inversiones.

Otro aspecto importante en que las empresas desvían su atención financiera es lo relativo a la diferencia entre depreciaciones o aplicaciones a gastos del activo fijo; entre lo financiero y lo fiscal, una gran mayoría de las empresas utiliza la aplicación a gastos de sus inversiones en activos fijos utilizando la tasa que autorizan las leyes fiscales —-aun cuando la vida útil del bien puede ser menor o mayor que la considerada por las autoridades fiscales—. Un ejemplo podría ser una determinada maquinaria que el fisco establece una tasa de 10% anual de depreciación, pero tanto solo permite deducir la cantidad relativa a este porcentaje, o sea está autorizando una vida útil de 10 años y si, por ejemplo, la vida de la maquinaria es de cinco años, es válido que la empresa utilice para efectos financieros el 20% de aplicación a gastos para conocer mejor su situación económica, aunque solamente se deduzca para efectos fiscales el 10% autorizado.

Para estos casos las autoridades fiscales reconocen que puedan aplicarse porcentajes diferentes a los autorizados, aunque solamente se pueden deducir los que ellos autorizan, en caso de que haya diferencias se utiliza la llamada conciliación entre resultado contable y fiscal, pero este es otro boleto que comentaré posteriormente.— Mérida, Yucatán.

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Contador público certificado. Maestro en Finanzas. Consultor de empresas

 

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