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La intercampaña

Ernesto Jesús Mena Acevedo (*)

Cuando faltan aproximadamente tres meses para el día de la jornada electoral, que será el 1 de julio, en el país del régimen de la simulación y la farsa tragicómica, nos encontramos inmersos en plena etapa denominada de “intercampañas”. Una fase del proceso electoral en la que deben suspenderse las actividades de precampaña o campaña y que, sin embargo, éstas continúan, mientras todos disimulamos que sucede lo contrario y que se respeta la ley.

En la desmemoria intencional e institucional se esconde que el período de intercampaña fue establecido para que se pudieran desahogar las inconformidades jurisdiccionales derivadas de los procesos internos de los partidos y que implicaba la suspensión de todos los actos de proselitismo hasta el arranque de la campaña. Hoy estamos en el absurdo de que se dan por paralizadas esas acciones por el sólo hecho de que no existan expresiones de pedir el voto o presentar las propuestas, mientras las lonas y espectaculares de propaganda y los espacios pagados en los periódicos se pavonean y se erigen en carcajadas ante la vista de todos.

Así, en plena intercampaña, que no es precampaña ni campaña aunque lo parezca, se engrandece el sainete con la controversia protagonizada por los dos partidos de derecha ante el presunto ilícito de lavado de dinero. Y ante esta acusación, ante el “sospechosismo” que envuelve a la operación extraña (por decir lo menos) del candidato blanquiazul, éste y su partido responden alegando que hay hostigamiento en su contra de parte del gobierno, que se usan a las instituciones para querer sacarlo de la boleta electoral o desplazarlo en su posición en las encuestas. Excelsas paradojas de poner en entredicho a las instituciones por quienes precisamente se rasgaban las vestiduras cuando las mandaron al diablo y de quejarse de persecución política por quienes precisamente incurrieron en esa práctica cuando estuvieron en el gobierno.

Hoy desatinadamente pretenden victimizarse haciendo un símil entre el desafuero de 2005 y la investigación contra el candidato del “Frente lánguido” cuando existe un gran trecho de diferencia, pues mientras en este último se usa a la PGR, en aquél otro, además de la procuraduría, se valieron de los otros dos poderes a través de la cámara de diputados y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Como si lo anterior no fuera suficiente, se desarrollan más escenas plagadas de cinismo irrisorio. Es así como se presencia que en medio de este enfrentamiento entre los aliados sistémicos, en el cual subyacen motivos soterrados, se escuchan las voces de presidentes de cámaras empresariales repudiando el comportamiento faccioso del gobierno, olvidando u ocultando que esos mismos organismos empresariales participaron decididamente en la maniobra más grotesca, contra el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y, peor aún, incurrieron en flagrante e impune ilegalidad al pitorrearse de la Ley electoral contratando espots televisivos para denostar a un candidato, cuando su párrafo primero del artículo 48 lo prohibía.

Del otro lado, o del mismo, porque al fin y al cabo son lo mismo, el gobierno, su partido y su candidato se autoerigen en adalides de la honestidad y se arrogan la facultad de acusar de corrupción, mientras siguen hundidos hasta el cuello en el fango de la corrupción de hoy y de ayer. Porque los desvíos en Sedatu y Sedesol, la estafa maestra y Odebrecht son apenas el pináculo de una gran pirámide de putrefacción.

Lo cierto es que el panorama se percibe como una nueva oportunidad histórica para dar el viraje en la conducción del país y desdeñar las alertas infundadas que intentan infundir miedo con remedos de argumentos que se han padecido en la realidad y que no vieron o no quisieron ver.

Esto es, se advierte en contra del populismo, pero se olvida que ya tuvimos populistas de derecha como Salinas, Fox y Peña, por mencionar algunos.

Se advierte del posible autoritarismo, pero se olvidan de las manifestaciones atroces de los gobiernos autoritarios: represiones del 68, 71, Acteal, Aguas Blancas, Atenco, Ayotzinapa, Tlatlaya, Nochixtlan, y muchos más. Se advierte de la probable castástrofe económica, olvidando el nulo crecimiento económico que hemos arrastrado por años y las crisis permanentes, que por cierto, ahora se ha exarcebado.

Nunca hay que olvidar que la infalibilidad del tiempo se puede postergar, pero nunca fallar y que siempre llegará el momento preciso. Siempre habrá el principio de un ciclo, así como su final. El reloj histórico marca hoy la culminación de una larga época de sufrimiento colectivo, de injusticias, de enriquecimiento desmesurado de unos cuantos a costa de la gran mayoría y de su contraparte, el empobrecimiento cuantitativo y cualitativo de las grandes masas.

Por el bien de la Nación y de todos, no debe impedirse y menos a cualquier costo, que fluya con naturalidad y se concrete, el cambio histórico que demandan la sociedad, la razón y los anales por escribirse. Afanarse y aferrarse en lo inverso, puede ser muy lastimoso para esta patria ya muy dañada.— Mérida, Yucatán.

ernesto_mena1@yahoo.com.mx

Maestro en Economía y Administración Pública. Docente universitario

 

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