Marcelo Pérez Rodríguez (*)
La corrupción no se detiene. Va al alza. Una y otra vez salen a la luz malos funcionarios, gobernadores, alcaldes o políticos en general que olvidan el compromiso con la sociedad y se burlan de ella al cometer un sinfín de tropelías y enriquecerse a costa del erario.
No son dos o tres los depredadores del erario para acabar pronto con estos malosos de la política. Son muchos, decenas, cientos, miles de funcionarios públicos, autoridades, jueces, policías que a diario utilizan el poder para vanagloriarse y sangrar la economía de las comunidades.
Ocupamos lugares privilegiados en el manejo de las finanzas públicas, el soborno, la violencia, la corrupción y la impunidad. Y no están estos números para presumir.
¿Qué hacer ante este cáncer que daña la economía, la confianza, la democracia y la política de servicio? Los ciudadanos han hecho mucho con denunciar, exigir y luchar para solicitar la creación de organismos anticorrupción y fiscalías independientes al Ejecutivo, pero no es suficiente si las autoridades siguen estimulando la corrupción al solaparla y no castigarla severamente.
Hay gobernadores que en este sexenio saquearon a placer las entidades y las endeudaron. Unos están detenidos y en proceso, otros en fuga, pero es necesario dar escarmientos a estos malos gobernantes. Ya no se pueden dejar pasar estas actitudes corruptas, alargar los procesos y luego dejarlos libres.
Es importante confiscar sus bienes mal habidos y cuentas millonarias y devolverlas a las arcas. Asimismo, la justicia debe actuar con rapidez. No dejar enfriar la situación. Si hay pruebas del mal manejo de las finanzas, que dicte sentencias y ponga tras las rejas a esos pillos de la política.
El sólo denunciar, darle larga a las denuncias y luego esperar a que devuelvan el dinero o que los funcionarios pongan en orden las cuentas es estimular la corrupción, solaparlos y dar un mal ejemplo para que los que vienen hagan algo similar.
Entre gobernantes, políticos y funcionarios en general se solapan entre sí. Yo te cubro tus tropelías hoy, mañana me tocará a mí. Además, si nos descubren devolvemos el dinero, ponemos en orden las facturas y los documentos y ya. No pasa nada.
Ante esto, no hay un dique que frene la corrupción. Las manos se estiran y cada vez son más para esquilmar sin escrúpulos las arcas públicas. Cada sexenio o trienio vemos a alcaldes, gobernadores, legisladores, Secretarios de Estado, jefes policiacos, jueces y demás servidores públicos enriquecerse desmesuradamente.
No se conforman con las prebendas y regalías que reciben, con los 10 o 20% en obras, con los suntuosos salarios, aguinaldos estratosféricos y demás. No, necesitan adquirir mansiones, hectáreas de terrenos, ranchos, camionetas de lujo y aumentar las cuentas bancarias personales y de los familiares.
Y así no hay presupuesto que alcance. Por eso la corrupción va en aumento y sacude las economías de las entidades, los municipios y de millones de familias.
En la entidad hay varios alcaldes y exalcaldes que están reprobados en el manejo de las finanzas, con abusos, nepotismo y cuentas oscuras. La Auditoría Superior del Estado de Yucatán lo señala, lo informa, lo denuncia, pero allí queda.
No hay acciones penales ni cárcel. Se les da la oportunidad de poner en orden lo falsificado, lo mal hecho, los ilícitos. ¿Es correcto y legal esto?
Y así sucede cada año o cuando salen los alcaldes de sus funciones. Los legisladores también guardan silencio y no legislan para llamar la atención, sancionar administrativamente y endurecer las leyes.
Todos se encubren y se solapan. De esta manera la corrupción queda sin freno, sin diques, sin esperanzas de detenerla o aminorarla. Y así no se puede avanzar en la democracia, ni tener confianza en las autoridades, legisladores, gobernadores, alcaldes y demás.
Estamos a la deriva y a merced de la corrupción si las autoridades no actúan en serio y castigan severamente a los malos funcionarios. Si hay mal manejo de las finanzas, cuentas oscuras y abusos, es necesario sancionar y dar cárcel a los depredadores del erario. Solaparlos es estimular esta corrupción desbocada que daña la economía y lastima la confianza de todos.— Mérida, Yucatán.
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Profesor
