Contra corruptos
Marcelo Pérez Rodríguez (*)
¿Qué pasaría si se aplicara en el país la propuesta del candidato independiente a la presidencia, Jaime Rodríguez Calderón,“El Bronco”, de “mocharle” la mano a los corruptos? Claro, este ojo por ojo traería discusiones diversas y sería muy difícil la aplicación en el país, aunque muchos volaron la imaginación e hicieron realidad en la mente y en los “memes” esta propuesta.
La corrupción es un problema tan grande que ya preocupa a todos y en busca de la solución se requiere la participación también de todos, de autoridades y ciudadanos. No podemos detener este mal si funcionarios, políticos y gobernantes siguen empeñados en incrementar este cáncer con sus actos de abusos y enriquecimiento a costa del erario.
En el primer debate presidencial la corrupción fue tema obligado. Y algunos al hablar de este mal se salpican por acciones corruptas cometidas en el pasado desde sus puestos políticos.
Para no generalizar, son muy pocos los gobernadores, políticos, legisladores, jefes policiacos, alcaldes, presidentes del país, secretarios de Estado y funcionarios de alto nivel que no hayan utilizado algún presupuesto, parte de algunas obras, el “moche” o desviado algo o mucho del erario a las cuentas personales. Los dedos de una mano serían muchos para señalar a los que no cayeron en esta tentación.
La política de servicio la han desvirtuado los comprometidos para servir a la comunidad y la utilizan para vivir en la opulencia y enriquecerse gracias al dinero público. Por eso muchas personas entran a la política porque ven dinero fácil, una forma de tener propiedades, automóviles y ahorros en unos cuantos años.
De aquí la pelea encarnizada en los partidos para ocupar posiciones de alto nivel o candidaturas, porque hay mucho dinero de por medio. Son millonarias las cantidades que reciben los partidos de subsidio y más para las campañas. Y, lógico, aquí se dan muchos “moches”. Muchos salen con millones en la bolsa después de estas campañas. Los privilegiados, además, se llevan otras cantidades al ocupar los puestos después de las elecciones, y detrás los amigos, los compadres y familiares que tendrán un “hueso” al estar cerca del candidato hoy gobernante, legislador o alcalde. Es una cadena de eslabones millonarios que engrosan los bolsillos personales de los políticos y cercanos colaboradores.
Y así, es imposible que los presupuestos aguanten el saqueo de estos depredadores. Cada tres o seis años las arcas de los municipios, estados y del país son esquilmadas por muchos de estos personajes. De esta manera, al no haber el dinero necesario se busca esquilmar a los ciudadanos con altos impuestos y aumentos en los servicios públicos.
Nosotros pagamos la opulencia en la cual viven los políticos, funcionarios y gobernante. Ellos no son austeros, pero sí piden austeridad a las familias. No saben de crisis económica, porque no van a los mercados a comprar limones, naranjas, carnes o frutas; no saben del costo de las gasolinas porque tienen vales para pagar o el chofer llena el tanque de la gasolina. Están desconectados de la realidad de millones de mexicanos. Viven otra realidad. Ven otro país.
Sin embargo, los ciudadanos todos, aquí sí generalizamos, estamos cansados de esta corrupción que nos agobia y de la impunidad cínica. Miramos cómo no hay castigo a alcaldes, gobernadores y funcionarios que desvían el erario, que no rinden cuentas claras y que se enriquecen escandalosamente.
En ocasiones son las mismas autoridades que denuncian. Pero ¿para qué decir que este alcalde y otras autoridades manejaron mal las finanzas o cometieron diversos abusos si no hay castigos, menos cárcel? Quién desvíe dinero de las cuentas públicas debe ser castigado severamente, pero aquí se encubren. Y de esto estamos cansados todos.
Si se castigara con cárcel la corrupción, las penitenciarías estarían llenas, se dice en muchas ocasiones en broma. Aunque no está tan equivocado el ciudadano. ¿Y qué pasaría si volamos la imaginación y pensamos en el castigo que señaló “El Bronco”? Entonces tendríamos un país de mancos, exgobernadoras y exgobernadores, exalcaldes, legisladores, jueces, jefes policiacos, políticos en general, con prótesis o muñones. En fin, imaginarnos que se castiga la corrupción no hace daño a nadie. Urge ya cercenar las manos de los políticos y gobernantes corruptos. Aquí sí, metafóricamente. Cárcel, eso sí.— Mérida, Yucatán.
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Profesor
