Elecciones 2018
Filiberto Pinelo Sansores (*)
Son muchas las promesas que se hacen en las campañas electorales pero pocos los compromisos para ir al fondo de la problemática social que afronta la mayoría de los yucatecos.
Es obvio, sin embargo, que si se sigue gobernando a nuestro estado como hasta hoy jamás se alcanzarán los mínimos que se requieren para que las mayorías disfruten niveles aceptables de bienestar económico y social. Se necesitan cambios de fondo que permitan superar las condiciones de marginación y pobreza en que viven decenas de miles de familias de la entidad.
Quienes se han sucedido en el poder han gobernado con el mismo cartabón económico y político establecido hace más de 35 años en el país. Los resultados están a la vista: puntos menos, puntos más, los mismos índices de pobreza; salarios que no alcanzan para las necesidades más apremiantes; tasas de desempleo que, no obstante, el maquillaje, se mantienen.
El progreso, es cierto, existe; pero sólo para una exigua minoría: políticos del sistema, socios, amigos y grandes empresarios ligados a ellos, entre otros.
Se requiere mucha más inversión pública de la que se presume en infraestructura; sin embargo, no es posible que se dé porque buena parte del dinero público se despilfarra en altos emolumentos, bonos, prestaciones y seguros médicos de gastos mayores a la excesiva burocracia dorada.
Otra parte del dinero se va por el caño de la corrupción y el desvío de recursos para fines partidistas.
Hasta hoy nadie investiga la creación de las famosas empresas fantasma que triangulan recursos.
Una manifestación de cómo se sisa dinero por este medio es la apabullante propaganda que inunda calles y avenidas de la ciudad y páginas de periódicos, del PRI y el PAN.
Si estos recursos se destinaran a construir y mejorar escuelas, hospitales, carreteras, apoyo a la producción, becas a estudiantes, etcétera, el estado estaría mejor.
Con la firma del Pacto por México, el PRI, el PAN y el PRD mostraron su compromiso con formas de gobernar que se resumen en una sola: ignorar el interés de las mayorías para privilegiar el de quienes se han enriquecido usando como mina los gobiernos. Estos partidos y sus aliados —Movimiento Ciudadano, Panal y Verde Ecologista—, que le sacaron a Peña las castañas del fuego piden hoy el voto de los ciudadanos, sin ninguna diferencia entre ellos.
Si triunfaran ¿qué harían? ¿Lo mismo de siempre o aplicarían políticas sociales diferentes? ¿Se bajarían el sueldo sus funcionarios? ¿Dejarían de cobrar “moches”? ¿Darían prioridad a las necesidades de las mayorías antes que a los intereses de sus socios y cuates? ¿Defenderían al pueblo de fenómenos como los gasolinazos? ¿Harán algo diferente a lo que hasta hoy han hecho? Ustedes lectores ¿qué creen?
Si hubiera alguna manera de representar de modo gráfico las formas de gobierno con las que realmente están comprometidos, ésta sería la que se expresa en dos escenas recientemente descritas: a) la fastuosa inauguración de una obra suntuosa, el Centro Internacional de Congresos de Yucatán, hecha con multimillonarios recursos públicos, que va a redituar enormes ganancias a un grupo de ya muy prósperos empresarios, y b) la admirable labor de un grupo de pobres, hombres y mujeres que, palas y carretillas en mano, reparaban una carretera, llena de agujeros, que comunica a dos Municipios, porque el gobierno del Estado, no obstante sus súplicas, no lo había hecho.
La inauguración de aquella obra mostró el rostro bien acicalado de un estado en aparente progreso; pero casi al mismo tiempo, se conoció otra escena que retrata lo enclenque del resto del cuerpo. “Cansados de que las autoridades de los tres niveles de gobierno no atiendan su reiterada solicitud de reparar la carretera Teya-Tekantó —dice una nota periodística—, vecinos de ambas comunidades se organizaron y rellenaron los múltiples baches que hay en un tramo de 3.5 kilómetros de la vía” (D. de Yuc., Sección Yucatán, 14-04-18).
Cinco horas invirtieron estos ciudadanos para tapar los huecos. “Es una vergüenza que se diga que Yucatán es ejemplo de obras, si vemos que nada se hace para que reparen esta carretera; sólo declaran, ahora sí, como el lobo, que están en camino, pero no llegan”, dijo uno de ellos.
Las dos escenas muestran que no se gobierna para todos sino sólo para favorecer a ciertos sectores de la sociedad y que los recursos se gastan antes de llegar al punto de atender las urgentes necesidades de la población, pues ya se usaron en los altos salarios de los funcionarios, las obras de relumbrón, el desvío de dinero hacia las campañas y el encarecimiento de los precios de lo que se hace, gracias a la corrupción.
Se presumen obras monumentales, pero nuestro pueblo sigue viviendo en condiciones atrasadas; se presumen mejores indicadores económicos pero no mejoran los ingresos de los trabajadores; se presumen más y mejores hospitales, pero no mejora la calidad de la atención de la salud de quienes carecen de recursos para pagar atención privada; se presumen magnos triunfos en educación y empleo, pero siguen sin poder seguir estudiando ni poder trabajar millones de jóvenes. Sexenio tras sexenio se promete y se promete, pero no se cumple.
Y esto requiere un cambio que implique, además de gobiernos austeros, cuyos integrantes no entren a ellos para enriquecerse, gobiernos que no estén al servicio de minorías con las cuales desvíen recursos, y puedan ser atendidas las necesidades de la mayoría abandonada de la sociedad.
A nuestro estado y a nuestro país les urge un cambio, una nueva forma de gobernar. Una que vea en el acceso a los cargos públicos no una manera de enriquecerse de modo fácil, sino una que renuncie a los altos ingresos que significan los elevados sueldos y privilegiadas prestaciones que en esos cargos se perciben y, sobre todo, a las prácticas corruptas de recibir sobornos a cambio de otorgar concesiones. Un cambio que entrañe vocación de servicio y no afán de lucro.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
… Si se sigue gobernando a nuestro estado como hasta hoy jamás se alcanzarán los mínimos que se requieren para que las mayorías disfruten niveles aceptables de bienestar económico y social
