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Resonancias bíblicas

Víctor M. Arjona Barbosa (*)

Se relata en el primer libro de los Reyes que Nabot tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria y que deseando éste poseer la viña quiso comprarla o cambiarla, pero Nabot rechazó la oferta del rey por lo que frustrado, triste y enfurecido éste regresó a su palacio. Jezabel, su esposa, notó su malhumor y al conocer la causa tranquilizó al rey asegurándole que pronto sería dueño de la viña de Nabot.

Es importante enfatizar las palabras que Jezabel dirigió a su esposo: “¿No que tú eres el rey poderoso que manda en Israel?”, “Levántate, come y alégrate. Yo te daré la viña de Nabot”.

Entonces ella tramó con argucia y maldad la muerte de Nabot, ordenando a los hombres principales de Yesrael que buscaran testigos falsos que lo acusaran de blasfemo. Así lo hicieron y Nabot fue arrastrado fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió. De inmediato Jezabel le comunicó al rey que fuera a tomar posesión de la viña porque Nabot ya había muerto. (1 de Reyes 21, 1-6).

La historia de Nabot ha venido repitiéndose a través de la historia y hoy encontramos a Nabot en los oprimidos, en los perseguidos, en los torturados, en fin, en tantos hombres que son víctimas de la prepotencia, la ambición y el despotismo, utilizando un legalismo injusto y corrupto.

Proceden como Ajab y Jezabel los que, sintiéndose por encima de los demás, consideran que ellos son privilegiados que lo merecen todo y sin respetar la dignidad de las personas abusan de ellas sin más razón que el del poder económico y político. La soberbia de Jezabel, expresada en las palabras que dijo a su esposo recordándole que era rey poderoso, es la misma que expresan hoy los poderosos de este mundo: “¿Y entonces para qué me sirve mi posición política?”, “¿Para qué tener tanto dinero si no es para hacer lo que yo quiera?”.

Y así pasan y actúan dentro del marco del drama humano los que sienten que el poder justifica todo y pretenden convertir a los demás en simples cosas, en instrumentos. Por eso se persigue, tortura y asesina a los que no piensan como el poderoso. Por eso los demagogos y los tiranos no buscan promover al pueblo sino halagar a las masas, a las que engañan y envilecen. Por eso se escamotea el voto ciudadano en vez de respetar la voluntad política. Por eso algunas veces se enajena al trabajador considerándolo un simple instrumento de producción y a su trabajo como una mercancía.

Pero en el relato hay algo además de la soberbia prepotente de los reyes. Hay la cobardía, la complicidad y el servilismo de aquella gente principal que obedeció la orden de Jezabel y se convirtió en instrumento de maldad para perder a un hombre. ¿No nos recuerda esto la conducta venal de algunos jueces que venden su dignidad y dictan sentencias contra la justicia? ¿O lo hacen así por temor a perder el favor del poderoso?

Y si en la Antigua Alianza se levanta la voz fuerte del profeta Elías para denunciar la injusticia de Ajab y Jezabel, y la cobarde complicidad de aquellos personajes principales de Yesrael, la Nueva Alianza, en la vida y la palabra de Jesús, anuncia el Reino de Dios, que es verdad, justicia y amor. Hoy, Cristo está presente en la historia y su palabra es viva y eficaz para llamar a la conversión y a la reconciliación y dar libertad a los oprimidos, pero también liberar a los opresores.

Jesús dijo que el Padre es tan bueno y misericordioso que hace que salga el sol para los buenos y los malvados, y manda la lluvia sobre los campos de los justos y los injustos, significando que su palabra ilumina y fecunda los corazones de todos para que den frutos de justicia y de paz.

Por ello, los cristianos debemos desplegar las banderas del amor y de la esperanza, seguros de que llegarán los cielos nuevos y la tierra nueva prometidos por el Señor, de los que Él ha querido que seamos nosotros también los constructores.— Mérida, Yucatán.

Profesor universitario

 

La historia de Nabot se ha venido repitiendo a través de la historia y hoy vemos a Nabot en tantos hombres víctimas de la prepotencia, de la ambición…

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