Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

En esta entrega no me referiré a los candidatos presidenciales porque ya se complicaron las cosas a tal grado que no sabe uno qué es verdad y qué es mentira. Es lógico que todos los candidatos, al menos los tres postulados por partidos en coalición, aseguren que ganarán. Claro, nadie que está en una contienda de este tipo reconocerá que sus posibilidades de triunfo son remotas. Siempre dirán que están avanzando y que tienen estrategias que les permitirán ser los ganadores de la justa del 1 de julio. Nadie se echa para atrás. Las encuestas se encargan de eso.

Lo que está sucediendo en Yucatán es para analizarse porque las campañas son cada vez más violentas de palabra y ya se siembra y florece el antagonismo como actor principal de las enemistades. Por lo que sucede en el interior del Estado y empieza a pasar en Mérida, los candidatos y sus seguidores ya dejaron de ser adversarios y se están convirtiendo en enemigos. Malo, muy malo para la convivencia y la idiosincrasia de los yucatecos que no debemos permitir que nos separen situaciones políticas para conseguir un puesto de elección popular que transcurre en tres o seis años y que dejen como herencia una enemistad de toda la vida. Hay ejemplos en comunidades que por esa causa se han dejado de hablar y de convivir hermanos y parientes que antes daban ejemplo de unidad familiar.

En Tizimín, Progreso, Valladolid, Tzucacab, Peto, Tekax, por mencionar solo algunos municipios que viven esa circunstancia, ya se consideran “bandos”; que porque apoyan a tal o cual candidato no se saludan y sí empiezan a sentir aversión por quienes no piensan igual. Tengo un buen amigo que siempre dice que no se deben de pelear quienes viven en la misma comunidad “porque todo el día y todos los días se tienen que ver”. En muchos casos sus hijos asisten a la misma escuela, se ven todos los días en el mercado, van al mismo cine, frecuentan los mismos sitios de esparcimiento porque no hay muchos para escoger y hay casos que hasta son compadres.

Piensan en la oportunidad de servir a su pueblo desde la alcaldía pero anteponen la ocasión del poder y dicen, como escuché en alguna ocasión, “en este pueblo mando yo y se hace lo que yo diga”. Y el problema crece conforme pasa el tiempo y las condiciones de ganar o perder se hacen más claras. Y eso arrastra a quienes conforman el equipo del candidato que en sus pláticas internas piensan en venganza contra algunas personas en particular. “Que ese desgraciado le ruegue a Dios que no ganemos, porque me las va a pagar todas juntas si llegamos al palacio municipal”.

En estas cosas hay que saber que todos son ciudadanos, que se trata de una justa política y quien gane tiene que servir a todos sin distinción. Pero el problema se agranda porque por lo general los “enemigos” son del mismo partido pero todos quieren estar junto al candidato y se sienten ofendidos y molestos cuando el abanderado tiene más confianza en uno que en otro. Casi es increíble lo que se vive en muchas comunidades del interior del Estado. Las redes sociales nos enteran y los medios de comunicación lo confirman al informar de algunos sucesos que requieren ser comunicados como el robo en la casa de un candidato de Peto que fue objeto de un asalto. Con seguridad, para el afectado, los sospechosos son sus adversarios políticos.

Creo que los partidos políticos deberían intervenir para explicar a quien es su candidato y a quienes lo acompañan en su planilla que se trata de un trabajo previo a una elección que de ninguna manera debe dividir y sembrar rencores irreconciliables. Hacerles ver que de lo que se trata es de hacer un trabajo en bien del pueblo y no contra quienes trabajan en otros grupos pero con la misma finalidad.

El problema empieza a tomar fuerza en Mérida. El Diario informa hoy que el PRI se queja de guerra sucia del PAN al asegurar que su candidato a la gubernatura Mauricio Sahuí es dueño de un rancho en la comisaría de Santa Cruz del municipio e Tixkokob. Ya antes algunos candidatos panistas se han quejado de destrucción de su propaganda. Con calma y aclaraciones pertinentes y civilizadas se puede llegar a la verdad. Antes que nada, hay que respetar al pueblo y no hacer que se violente de palabra que es el antecedente de la violencia física que nadie desea. Todos tranquilos.— Tizimín, Yucatán

manuelantonio1109@hotmail.com

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

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