El oficio de incordiar
José Rafael Ruz Villamil (*)
Si se acepta que la historia es cuanto acontece en el mundo de los hombres dentro de las dimensiones de tiempo y espacio, cuanto se refiere “post mortem”a Jesús de Nazaret, habrá que situarlo fuera de ella. Con todo, resultan totalmente ubicadas en la historia las experiencias que en relación con el Maestro como el Viviente tuviesen algunos de sus discípulos: encontrarlo levantado de la muerte —resucitado— y haber comido y bebido con él, recibir su aliento —don del Espíritu— e intuir su realidad definitiva —ascensión— se dieron en el mismo contexto de seguimiento previo a la crucifixión y en momentos y lugares concretos, tal como se lee en los escritos del Nuevo Testamento, particularmente en los evangelios.
Con todo y por su calidad de inédita, la predicación de la resurrección del Galileo —con todo lo que ésta lleva consigo— supuso un reto que vino a ser resuelto desglosando el único hecho que vino a ser, y usando imágenes familiares propias de la cultura contenida en el Antiguo Testamento para explicarlo; tal el caso de la realidad última y definitiva de Jesús según narra el capítulo 16 del evangelio de Marcos: “Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios”.
Así y en cuanto a la imagen de elevación o ascensión puede encontrarse una referencia en el arrebato del profeta Elías —“Iban caminando y hablando, y de pronto un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Elías subió al cielo en la tempestad”—, o en aquél de Henoc —“Henoc agradó al Señor y fue arrebatado, ejemplo de conversión para todas las generaciones”—, siendo probable que la intención de estos relatos haya sido aproximarse a algo que trasciende el ámbito de lo inteligible con una referencia plástica.
Ahora bien, por su potencia en el pensamiento bíblico, es la segunda imagen —sentado a la diestra de Dios— la que expresa con más fuerza el destino último del Resucitado. Y es que, si bien en el mundo profesional sentarse se relaciona con la actividad de enseñar, y en el ámbito político el funcionario judío ha de sentarse para desempeñar su cargo, y el sentarse en un trono viene a ser sinónimo de gobierno, en la esfera religiosa la idea de Dios sentado, también, en un trono resulta de una densidad particular en el pensamiento del Antiguo Testamento. Así y partiendo del salmo 110 —“Oráculo de Yahvé a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra, hasta que haga de tus enemigos estrado de tus pies’”— en el que derecha, signo de honor, significa la calidad mesiánica cumplida y en el que el título Señor conviene al rey, hay que inferir que el concepto “sentado a la derecha” habla de Jesús como Señor del Universo y que delega en sus discípulos continuar la causa por la que vivió, murió y resucitó: el Reino de Dios.
Vale apuntar que es, precisamente, el envío de los discípulos para la continuidad de la causa del Maestro el sentido más profundo de la intelección de la exaltación del Resucitado como sentado a la diestra de Dios, quedando en un segundo plano, en el mejor de los casos, la veneración, o adoración o culto que el mismo Jesús de Nazaret no buscó, o de plano rechazó, en el marco de su itinerario terreno: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación”.
Además del mandato de inclusión a la gente y el interés por evangelizar a toda la creación, no son pocas las inferencias que se desprenden de la realidad última y definitiva del Maestro.
Baste subrayar que la identificación del Galileo con Dios hay que entenderla como la toma de posición de este último en el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades judías y romanas con sus intereses respectivos: si ambas pretendieron desacreditarlo en la cruz, es el mismo Dios quien lo rehabilita asumiendo como propios, como suyos cada hecho, cada gesto y cada palabra del Maestro como la expresión más acabada de su voluntad, de una manera por cierto vinculante para quienes decidan continuar siguiéndolo como discípulos en hacer el Reino de Dios, o como una instancia ética superior para quienes, desde la increencia pero inconformes con el “establishment”, buscan una inspiración crítica para hacer del mundo —ecología incluida— un espacio amable, justo y fraterno en el horizonte de la igualdad.— Mérida, Yucatán.
ruzvillamil@gmail.com
Presbítero católico
