Cosas que pasan
Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)
Interesante la información del Diario que da cuenta que los partidos gastan 15 veces más en sus campañas que lo permitido. Algunos lo sospechaban pero muchos lo sabían. No es posible que alguien crea que los fondos oficiales que reciben los partidos políticos alcancen para cubrir los gastos necesarios para las numerosas comitivas que los acompañan. Gasolina, comida, en algunos casos salarios, apoyos económicos para cubrir peticiones que les interesan para ganar votos, pago de alquiler de vehículos, alquiler de sillas y pago de locales cuando se hacen eventos en sitios particulares y muchos etcéteras más que sería prolijo enumerar.
Y no menciono el costo de los regalos que entregan a los asistentes a sus mítines que en gran número son los mismos que asisten a esos actos de cualquier partido. Y es que aún no salen a relucir los artículos que se regalarán en este último mes de campañas y que están guardados en bodegas cuya ubicación creen los candidatos que no se conoce.
En esas bodegas hay chanclas, playeras de tres calidades: para los que asisten a los mítines, para los amigos cercanos a los candidatos y para los funcionarios, sombrillas, llaveros, bolígrafos y muchísimas cosas más que no caben en la imaginación.
Las aportaciones que hacen quienes tienen algún negocio tiene atrás la intención de convertirse en proveedores de quienes ganen la elección, porque hay que aclarar que el interés lleva la “ayuda para tu campaña” es para dos o más partidos para no fallar en la inversión que se hace a las campañas para convertirse en proveedores gane quien gane. Esa situación existe desde siempre porque hace algunos años los partidos no aportaban ni un centavo a los candidatos que tenían que “pasar la charola” y esperar que quienes los financiaban organizaran comidas empresariales para dar su apoyo masivo a algún candidato.
Esta práctica aún se acostumbra pero se incluye a todos los candidatos a alcaldes acompañados por el candidato a diputado por el distrito correspondiente, o a todos los candidatos a gobernador. De los presidenciables, ni hablar. Son palabras mayores.
Y esa manera de conseguir dinero para sus campañas obliga a los candidatos a que los planes, programas y proyectos de importancia estén enfocados obviamente a quienes “pagaron”.
No se puede negar que también tienen en cuenta a grupos, para ellos de menor importancia pero sin ponerlos en primer lugar de los compromisos a cumplir. Podemos poner como ejemplo a las personas con capacidades diferentes, a los jubilados o pensionados, y a grupos de campesinos con necesidades comunales y particulares. La perorata de que “hay que hacer producir el campo” se ha escuchado por décadas y termina en programas asistenciales en los que se invierte lo que debería de servir para el desarrollo del campo y mayor bienestar en la calidad de vida para las familias que viven en el campo.
En cuanto a los discapacitados, lo que ofrecen los candidatos es para la fotografía y para tratar de convencer a los votantes que sí se les toma en cuenta. Ojalá que haya programas y proyectos que les permitan trabajar y dejar de ser personas que sólo causan lástima para convertirse en ciudadanos a quienes se les tome en cuenta como a cualquiera que requiere ganarse la vida trabajando.
Es lo mismo que sucede con los jubilados y pensionados con quienes se reúnen y se les ofrecen migajas de lo que se les puede dar. También para ellos debería haber proyectos adecuados a su edad y no pedirles que asistan a una reunión para escuchar a un candidato que posiblemente les ofrezca aumento en sus percepciones mensuales sabiendo que para eso tendrían que reunirse con el gobernador y los jefes de los sindicatos respectivos que con seguridad dirán que hay necesidades más apremiantes.
¿Estarán en disposición las autoridades correspondientes para hacer un trabajo serio que lleve a la verdad de cuánto es lo que erogan quienes quieren llegar al puesto que aspiran y de dónde proviene el dinero? Yo lo veo muy difícil. Prácticamente imposible. Por eso no se les puede ayudar como debiera de ser a los grupos vulnerables. Por los compromisos contraídos con los señores del dinero. Y de todo esto ningún partido está exento. Si se les pregunta si fueron financiados por particulares, seguro que lo negarán. Eso lo sabemos.
Y hay una idea que me ha martillado en la cabeza desde hace algunos días. ¿Se imagina usted, respetable lector, que todas las promesas y compromisos hechos por los más de 3,400 candidatos de todo el país se hicieran realidad? Yo y usted sabemos que eso es imposible. Pero nadie les pidió que se comprometieran. Como un enamorado a su novia, le hacen creer a los votantes que la luna es de queso y el sol de mantequilla. Si fuera cierto… dejemos de soñar.— Tizimín, Yucatán.
manuelantonio1109@hotmail.com
Cronista y exalcalde de Tizimín
