¡Paz!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
Veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices —Alfredo Pérez Rubalcaba, químico, profesor y político español
José Antonio Meade Kuribreña ya refleja, por momentos, la imagen de la derrota. Una derrota anticipada desde el momento en que Enrique Peña Nieto, a través del PRI, lo postuló a la candidatura por la Presidencia de la República. Podrá tener la capacidad, podrá no pertenecer a una de las instituciones partidistas más odiadas de México, podrá tener la preparación y podrá no tener malas intenciones, pero la mayor parte del pueblo lo rechaza; no lo quiere. Forma parte del peor gobierno en la historia de México. ¡Nefasto!
Las encuestas son números. Números fríos. A veces irreales. Lo reflejado en el ámbito nacional, en cuanto al ascenso de Andrés Manuel López Obrador, es una respuesta lógica de millones de mexicanos agraviados, hasta la fecha, por las “políticas públicas” llamadas en este sexenio “reformas estructurales” que fueron aplicadas para la importante transformación de la nación. Más que los números, los números fríos, a veces irreales, está el sentir y la lógica de la sociedad. No olvido. No perdón.
No estoy en contra de un proyecto reformador, como parte de la visión de un nuevo México. Estoy en contra del país competitivo, próspero, justo y democrático que no es real, ya que Enrique Peña Nieto nunca “limpió” su gobierno para tirar a la “basura” la corrupción y la impunidad, en todos los órdenes del servicio público. ¿A qué están obligando al pueblo? A apostar por una posible situación peor en el futuro inmediato o continuar con un sistema a favor de pocos y en contra de muchos.
En el ámbito político, la “nueva generación del PRI” integrada por “distinguidos” exgobernadores como Javier Duarte de Ochoa (Veracruz), Roberto Borge Angulo (Quintana Roo) y César Duarte Jáquez (Chihuahua), no está “enterrada” en la memoria del pueblo de México, porque sus indiscriminados abusos de poder, saqueos y violencia, esta última a costa de miles de secuestros, desapariciones y muertes, dañaron severamente derechos fundamentales de los mexicanos: salud, educación y desarrollo. ¡Generación podrida!.
Hasta nuestros días, los ciudadanos vemos con cierto asombro, pero con mucho enojo, la vida de millonarios de esposas de los exmandatarios como Karime Macías, pareja de Javier Duarte, quien radica en Londres, Inglaterra, rodeada de lujos con dinero que nunca lo ganó con el sudor de su frente, sino que se lo robaron a los veracruzanos.
Otro caso: Rosa Yolanda Angulo Castilla, madre de Roberto Borge, quien puede ser aprehendida en cualquier momento; mientras que cercanos familiares y amigos, gozan de la “herencia” (terrenos, casas, placas de taxi y cargos en el servicio público) sin el menor pudor, como solemos ser testigos a diario en la Isla de Cozumel.
Procesos salidos a relucir en los últimos días por los tiempos electorales, porque México no cree en la procuración de justicia. México cree en la utilización de la justicia. ¡No! No es una manifestación histérica, a través de la palabra escrita, es un reclamo por las experiencias vividas en uno de los países más peligrosos para ejercer la libertad de expresión. ¡México!
Recae en Meade
Todo lo anterior recae en la figura de José Antonio Meade. Quizá sin merecerlo. Todo lo anterior recae en la figura del PRI. Con todo el merecimiento. Ahora, para muchos, viene la “revolución” en un movimiento de regeneración nacional. Regeneración nacional. ¡Qué difícil! Redimensionar la política en una nación confusa, pero decidida. ¡Decidida! ¿A qué?
Hay una causa justificable, porque no debemos permanecer en esta situación.
Si la regeneración nacional viene avalada por un proceso de odio y no de razonamiento, entonces empezaremos a construir muros y no puentes, en nuestro diálogo nacional. El respeto y la igualdad llegarán a caer en el abismo de la intolerancia.
México estará perdido por una pérdida. Paz.
¡Pérdida!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
