Filiberto Pinelo Sansores (*)
El resultado del Tercer Debate en nada cambiará las preferencias de voto hacia quien encabeza todas las encuestas por la contienda presidencial; es más, podrían aumentar. Por supuesto que a diversos sectores o personas les habrán parecido que su candidato fue el triunfador y creerán que tienen motivos para opinar así.
Con los simpatizantes sucede lo que en los programas postdebate realizados en canales de televisión, estaciones de radio o sitios de internet. En estos foros, representantes de cada contendiente defienden a capa y espada a su abanderado, exponiendo argumentos reales o inventados, para demostrar que fue él quien venció.
Los escándalos de corrupción en que se han visto envueltos los dos candidatos que, según las citadas encuestas, se disputan el segundo lugar —para algunos, humorísticamente, el tercero, por su lejanía del primero— opacaron las expectativas con que se esperaba este ejercicio, desde que finalizó el anterior. Y es que Anaya y Meade aparecieron en él prácticamente muertos, enterrados por el lodo que cada uno ha generado sobre sí mismo.
El vídeo que circuló por las redes sociales en que se muestra a Juan Barreiro, hermano de Manuel —acusado de lavar dinero en beneficio de Ricardo Anaya—, detallando la trama para hacer llegar a éste millonaria cantidad para financiar su campaña, fue como kriptonita para sus esperanzas de remontar haciendo un buen papel en el debate.
Y el despido de Muna Dora Buchahin como directora de Auditoría Forense de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), quien puso al descubierto el entramado de corrupción de la “estafa maestra” —en la que está involucrado el candidato presidencial del PRI—, a causa de haber iniciado una nueva investigación hunde a Meade aún más en el pantano de la corrupción tal si una gran potala se lo llevara a lo más profundo del mar.
Además, como lloviendo sobre mojado, les están cayendo a los dos más desgracias. Según informa la revista “Proceso”, hay en curso una investigación en la PGR a través de la Fepade sobre el mecanismo de corrupción creado en la Cámara de Diputados al calor del Pacto por México, conocido como los “moches”, con dos prominentes imputados: el candidato presidencial Ricardo Anaya y Damián Zepeda, presidente del PAN (“Proceso”, 9-06-18).
Como se recordará, este mecanismo de desvío de recursos públicos fue denunciado también en nuestro estado por prominentes miembros del PAN ante su Comisión Nacional Anticorrupción, que no les hizo caso. Pero quien al parecer sí lo ha hecho ha sido el PRI, que ahora convenientemente, a través de su instrumento de “justicia” gubernamental, los sacará a la luz, por lo que probablemente esté ya en camino otro escándalo de repercusiones negativas para la campaña del candidato-empresario panista.
Pero el PRI tampoco canta mal las rancheras. Acaba de ser sorprendido comprando votos de la manera más ruin y descarada. En su misma sede nacional de Ciudad de México, miles de personas llevadas en autobuses, credencial de elector y copia de ella en mano, en largas filas ingresaban al lugar y salían con fajos de billetes en los bolsillos, a vista y paciencia de todo el mundo, incluido el INE.
El acceso era controlado por operadores que llevaban chalecos con la leyenda: “Meade presidente”. El “affaire” tuvo su parte chistosa cuando el autobús de un grupo de estos vendedores del voto fue detenido por un comando delictivo encabezado nada menos que por la priista que los reclutó y llevó al edificio, y les quitó el dinero. Peor contradicción entre lo que dice Meade y lo que hace el PRI no puede haber.
Momentos antes del debate los dos contendientes que pelean por el segundo sitio —porque creen que les serviría para atraer el voto útil de los contrarios a AMLO— se están pegando hasta con la cubeta para tratar de bajarse uno al otro y quedarse con el lugar. No bien pisó tierra yucateca, Meade proclamó hecho una furia sobre Anaya: “¡Es un vulgar ladrón que desde el poder se robó dinero, lo cacharon y debe pagar sus consecuencias!” Y desde Valladolid, el candidato del PAN le respondió: “¡Así como lo ven con su carita de mosquita muerta es un cínico y corrupto como todos los del PRI”.
En estas condiciones se produjo el Tercer Debate, que para lo único que sirvió fue para cotejar lo que cada uno dijo en él con su propia trayectoria personal. Es esto lo que para el gran público cuenta y no la pirotecnia verbal aprendida antes del encuentro para repetirla sobre el escenario, a la manera de un actor que quiere impresionar al público. En algunos casos, como Anaya, exagerando la actuación para lograr mayor efecto, o como Meade, tratando de quitarse de encima actos de corrupción impunes del gobierno al que pertenece, como el de Oldebrecht, respondiendo con evasivas.
Si, como en el caso de los dos encuentros anteriores que no movieron las preferencias para los de abajo pero sí para el de arriba, el último opera del mismo modo, es probable que la ventaja de AMLO se amplíe. La altura que ha alcanzado ya en las encuestas se ha vuelto irremontable. Ni yendo a bailar a Chalma les hará posible a sus adversarios alcanzarlo. La encuesta que horas antes del debate publicó la Coparmex, insospechada institución de entrar en componendas con algún partido, en que lo pone con 21 puntos de ventaja sobre Anaya y 27.4 sobre Meade ha sido el último clavo en el ataúd de estos dos.
A partir de hoy lo que hay que hacer es organizarse la sociedad para exigirle o en su caso ayudarle a cumplir sus compromisos con el pueblo, los dos más importantes: el combate a la corrupción y el fin de la impunidad.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
